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Mié, Ene

Nutrición

Alimentos adictivos: lo que hay que saber para no caer en su trampa

De un tiempo a esta parte existe la teoría de que casi todo lo que nos rodea crea adicción si se abusa de ello: los móviles, Internet, el deporte o, incluso, ser demasiado sano. Ahora también se suma a la lista la comida. Podríamos hacernos una pregunta fácil: ¿Soy capaz de prescindir de ese trozo de chocolate o de una hamburguesa o de esos bizcochitos? Y en caso de resistirme, ¿me cuesta horrores hacerlo? Si la respuesta es sí, puede que se tenga algún grado de adicción a la comida.

Hay alimentos a los que consideramos adictivos, ya que no pueden parar de comerse y no se logra conseguir un control de la situación. Entre los más adictivos estarían las harinas y los hidratos de carbono refinados, el azúcar, la sal y ciertas grasas. Estos alimentos actúan directamente sobre los mecanismos neuronales de motivación y recompensa, y están saturados de ingredientes silenciosos que nos despiertan los mecanismos de repetición.

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Alteraciones en el mecanismo de la deglución

La deglución consiste en masticar los alimentos y llevarlos a la parte posterior de la boca para ser transportados por el esófago, el conducto que moviliza el alimento hasta el estómago. Es un acto complejo. Muchos nervios funcionan en un delicado equilibrio para controlar el mecanismo, así es como los músculos de la boca, la garganta y el esófago trabajan de manera conjunta y coordinada. este mecanismo se produce sin darnos cuenta.

La deglución se puede dividir en tres etapas: la bucal, la faríngea y la esofágica.

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Carbohidratos: energía para el organismo

En nuestra alimentación, consumimos diariamente gran cantidad de carbohidratos presentes en fibras, almidones y azúcares que aportan energía al organismo y nos ayudan a realizar todo tipo de actividades.

En esta nota te contamos, cómo funcionan y cuánto debemos incorporar para estar saludables.

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Pitágoras, el padre del vegetarianismo - Los secretos de una alimentación que abarca el plano, espiritual, emocional y sexual

El precursor del vegetarianismo pensó una dieta que tenía como objetivo lograr una mejor calidad de vida. Sabores y emociones se entrecruzan con estados de ánimo y efectos corporales. Una dieta que está más vigente que nunca, y que comprende al ser humano de manera integral. 

 

La emoción es energía en movimiento, lo más relacionado con el espíritu, y el sabor es algo “sentido” por el organismo, por las papilas gustativas, desde la materia de los alimentos. Por lo tanto, hay una íntima conexión entre las emociones y los sabores. Hoy reconocemos que nuestra química cerebral puede responder con el movimiento de mayor o menor cantidad de neurotransmisores, según los sabores que capta, o incluso que demanda el cerebro.

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¿Qué pasaría si el mundo estuviera mejor nutrido?

Obtener los nutrientes adecuados en las cantidades recomendadas es importante para todos. En la actualidad, mantener una buena nutrición parece no ser siempre una prioridad, pero es particularmente importante pensar en ella a medida que envejecemos, o si debemos recuperarnos de una enfermedad.

 

La mala nutrición puede afectar a cualquier persona sin importar su edad o ubicación geográfica, y tiene un impacto negativo sobre la calidad de vida. Para algunos, se produce por no ingerir las calorías necesarias o los nutrientes adecuados, mientras que, en otras ocasiones, es consecuencia de una enfermedad o condición que les impide digerir o absorber los alimentos adecuadamente.

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