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Vie, Oct

Indra Devi: la Embajadora mundial del Yoga

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Indra Devi, fue la yogui más importante de todos los tiempos a nivel mundial. Su mensaje de paz, amor y autoconocimiento, y la enseñanza de la disciplina del yoga, demostrando los beneficios a nivel físico y espiritual que provoca en las personas, ha traspasado las fronteras y las ideologías de sus seguidores. Su estilo de vida sano, armónico y lleno de energía positiva la ayudaron ampliamente para vivir más de cien años. A más de una década de su partida, sigue siendo un ejemplo del buen vivir.

Eugenie Peterson, nació el 12 de mayo de 1899, en Rusia. Su papá, era sueco y trabajaba de banquero, su mamá era una artista rusa, miembro de la nobleza. Su infancia y adolescencia fueron como las de cualquier otra niña de su edad, pero ella siempre soñó con ir a la India porque le fascinaba su cultura.

Cuando tenía 20 años, se fue con su madre rumbo a Alemania, escapando de la Guerra Civil. Sin darse cuenta comenzó una nueva vida, estudió danza e ingresó a un prestigioso teatro como una de las estrellas principales viajando por varios países de Europa.

Después de conocer tantos lugares hermosos y aprender diferentes idiosincrasias, pudo viajar a la India en 1927. Tal como lo había imaginado se enamoró del país, la cultura, la sociedad y también de un hombre en especial, el diplomático extranjero Strakaty, con quien se casó al tiempo.

A Indra Devi, tal como había comenzado a llamarse, le diagnosticaron problemas cardíacos que se le fueron curando cuando empezó a realizar yoga. Al conocer en más profundidad esta disciplina y sus beneficios para la mente y el cuerpo, decidió estudiarla más efusivamente.

Mientras tanto ella protagonizó un film indio, se vinculó con destacadas figuras yoguis, como Mahatma Gandhi y Dalai Lama, de quienes tomó sus enseñanzas, y también bregó por la libertad de la India.

La dama del yoga, tal como fue catalogada, transmitió sus conocimientos dando clases y conferencias y pasó a ser conocida como la primera mujer de Occidente que dejó sus enseñanzas en el viejo continente. De a poco, fue difundiéndolo a nivel mundial por medio de sus charlas y sus libros y se llenó de discípulos que la amaban por ser una mujer humilde y sensible, que se vinculaba de la misma manera con pobres y ricos, ya que no le importaba lo material.

Actores de Hollywood tomaron clases con ella y además interpretó danza en templos hindúes.

En 1939, se trasladó a China junto a su marido y ella aprovechó la oportunidad para abrir una escuela de yoga, la primera en ese país.

A su vez se dedicó a escribir libros, que en su mayoría fueron best sellers y traducidos a diez idiomas, como: Yoga, la técnica de llegar a tener salud y felicidad;  Yoga para todos; Por siempre joven, por siempre sano; Renueve su vida practicando yoga; Una mujer de tres siglos; Respirar bien para vivir mejor; Palabras del corazón; fascículos Yoga y Salud, Curso práctico de Yoga y Curso práctico especializado de Yoga, entre otros.

A mediados de los años ´40 Indra regresó al país de sus sueños, la India, y pudo continuar aprendiendo esta técnica junto a los más importantes yoguis del mundo. Para entonces falleció su marido y ella después viajó a California. Continuó dando conferencias de prensa en países de toda América y fue invitada a varios programas de tv. Su disciplina llegó a las cárceles con la finalidad de que los presos también tuvieran  acceso al yoga para liberar sus almas y dejarles su mensaje de amor.

Conoció al médico Sigfrid Knauer, y en 1953 contrajo matrimonio. Entre sus viajes, compró una casa en México para hacer otra Fundación con su nombre, donde entrenaría a profesores de yoga.  

A comienzos de los ´80 viajó a nuestro país y se sintió muy querida por todos y muy cómoda y, al morir su marido tras una larga enfermedad, decidió radicarse en la Argentina.

La nombraron Presidenta Honoraria de la Confederación Latinoamericana de Federaciones Nacionales de Yoga, Húesped de Honor, Presidenta Honorífica del Congreso Mundial que se realizó en Brasil, recibió menciones especiales por sus tareas humanitarias, la apodaron Embajadora del Yoga en el mundo, en nuestro país le otorgaron el Obelisco de Oro y la eligieron como una de las mujeres más importantes del año 1998.

Creó la Fundación Indra Devi: Yoga, Arte y Ciencia de Vida y allí dictó clases. A medida que avanzaban los años, se hacía más amada por su mensaje de paz, amor y esperanza y por las enseñanzas de la técnica que tanto beneficia al ser humano.

Cuando cumplió 100 años, los festejó en el estadio Ferrocarril Oeste ante miles de personas que se acercaron a saludarla. 

Esta encantadora mujer bregaba por una vida sana, sacar de nosotros todo lo mejor, ser optimistas y rodearnos de energía positiva. Siempre decía que el yoga es fundamental para integrar todos los aspectos del ser humano y lograr el autoconocimiento.

El 25 de abril del 2002 falleció en la clínica Lesit, de Caballito, Capital Federal, en Buenos Aires, por causas respiratorias. Ella había pedido expresamente ser velada por tres días, ya que el alma necesita ese tiempo para irse del cuerpo; que la cremasen y que no la llorasen. Pidió ser despedida con alegría, tal como ella vivió siempre.

En la actualidad, su fundación, que es una de las escuelas más importantes de Latinoamérica, está a cargo de David Lifar, quien continúa con el trabajo de Indra Devi.