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Mié, Nov

Todo cambia y todo pasa

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“Todo cambia y todo pasa”, lo dijo hace mucho tiempo Heráclito y bien nos sirve para ponernos a pensar que ninguna crisis es eterna y que podemos salir de ella si nos lo proponemos.


 ¿Cómo mirar nuestras crisis?
Cada vez que se siente que se está en crisis, la necesidad de gestar un cambio se avecina.
Crisis proviene del vocablo griego, krisis (decisión) y krino (separar). Posiblemente luego de una situación crítica, pueda visualizarse un antes y un después en relación a las modificaciones que la persona necesita implementar para aliviarse.

¿Qué sucede cuando se ingresa a este estado?
Se produce un desequilibrio, lo que se venía llevando a cabo o sosteniendo, ya no se puede tolerar, resistir, acompañar, etc., debido al malestar que genera.

Angustia, desgano, la sensación de que todo lo que acontece desborda, al punto en que podría generarse desmotivación, o desinterés por la situación, son algunas de las señales que a menudo se manifiestan para decirnos: basta. La presencia de la crisis muestra el peligro del sufrimiento que trae y que lo que venía siendo, no puede continuar de la misma manera.

Una persona que se encuentra en crisis puede, hasta incluso, no reaccionar. Puede sentir temor en relación al sufrimiento que parece acercarse a grandes pasos. Suele presentar cierta desorganización psíquica, sentimientos de incertidumbre y amenaza, que se entremezclan en ese desorden, hasta que un nuevo equilibrio se logre.

¿Cuál es el detonante de la crisis?
Es necesario enfocarse aquí en un importante y significativo aspecto.

Cuando hablamos de una crisis personal, el punto nodal está en la respuesta que se necesita dar y no en la situación misma. Es decir que va a tener relevancia en esa relación (situación-respuesta), las expectativas propias, las autoexigencias, y el peso que se le otorgue en general a la persona el hecho de cómo se debería responder y cómo en verdad se puede responder.

Cuando un individuo atraviesa un momento crítico, necesita sentirse acompañado, y no sentirse juzgado.

La persona, dentro de un episodio vulnerable, necesita ser ayudada. En estos casos la intervención terapéutica puede favorecer los procesos personales de restablecimiento de equilibrio, identificación de lo que condiciona y la toma de nuevas decisiones que alivien.

Un mismo conflicto o suceso, no necesariamente debería provocar una crisis en todas las personas que lo transitan. Como así también una misma persona, según el momento de mayor o menor vulnerabilidad en el que se encuentre, puede superar una misma situación compleja de manera más o menos crítica.

Mirar la crisis como oportunidad para insertar el cambio que se necesita

Desde este lugar, se resignifica el malestar como aviso, como campana que tintinea, para alertar que hay modificaciones para hacer, que resulten más beneficiosas.

Pasar la crisis y capitalizar la experiencia, resulta un proceso de tiempos particulares y personales, en el que el individuo deberá identificar los puntos necesarios a revisar en sus respuestas y ajustarlos a su realidad actual.

Siempre es favorable a estos aspectos sumarle una mirada un poco más amplia, alejándose del foco, y comprender, que nada se queda como está, que todo se modifica, que como ahora se nos presenta el aquí y ahora, mañana puede ser distinto o nosotros podemos afrontarlo de manera diferente, tal como lo expresó en otro momento histórico el filósofo griego Heráclito.