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Vie, Mar

Psicología

¿Falta o abunda?

Soy una persona intensa, pasional. Más de las veces prefiero la pena a la quietud de algún lugar seguro que no me haga sentir. Las pasiones no son pasibles de ser manejadas, existen como pasiones y soportan muy poco los esfuerzos de racionalización. Está bueno "huracanarse" y no está mal "poner en el ojo el huracán" como una solución de compromiso conveniente. ¿Una abundancia acotada para que sea posible, es igual a la falta?

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No hay un camino, no hay una verdad, no hay una forma

"Caminante no hay camino, se hace camino al andar..."

¿Podemos encontrar liberación en medio de tanta incertidumbre? Sí. Quizás, la más profunda que podamos experimentar. Si no hay verdades absolutas que encontrar o posibles desvíos de un camino al que hay que volver indefectiblemente; ¡qué alivio!; pero… ¡qué desafío!

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Las consecuencias son inevitables

Cuando uno no define, o no se define durante las experiencias que va transitando, el relato de los acontecimientos se empobrece, las posibilidades máximas se reducen; la historia se detiene en cada instante en el que debe comenzar, o se va desarrollando sin grandes emociones, porque todo el tiempo la moción que impulsa e intenta hacer, es traccionada por su contraria. El riesgo de vivir de esta manera es que nunca se logra un vínculo comprometido, ni siquiera situacional, con las vivencias; y no hay posibilidad de aprendizaje. 

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¿Hasta qué punto tener paciencia es bueno?

La paciencia es reconocida como una virtud, hasta que notamos, o nos hacen notar, que estamos haciendo un uso desmedido o inadecuado de la misma, al  “sostener algo” que nos está perjudicando. ¿Cuándo es virtud y cuándo puede tomar la forma de un defecto por la nocividad hacia uno mismo? En este último caso: ¿sigue siendo paciencia o se transforma en “otra cosa”? ¿Cuándo estamos siendo maduros al tenerla y ofrecerla; y cuándo esa… ¿tolerancia? (¿es lo mismo que paciencia?) es un rasgo de inmadurez? 

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A las amigas de Concepto de Mujer

Luchen por sus sueños sin perder la dignidad.

Desarrollen su autonomía sin perder la capacidad de brindar; pero también de pedir y aceptar ayuda.

Cuiden su cuerpo en la medida en que cuidan su salud.

De todos los roles que podemos desarrollar, elijan cuáles quieren experimentar. No naturalicen construcciones culturales. Quiebren los mandatos sociales que se suponen deben cumplir  si su cuerpo y corazón, si sus pasiones e intereses, necesitan de otra cosa.

No sufran por lo que se supone deben hacer: creen cultura y construyan el mundo donde quieran vivir. Ser madre, esposa, saber coser, lavar, planchar y ocuparse de "abrir las puertas para ir a jugar" son lugares electivos, no los que debe ocupar una mujer.

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