Nos gusta la primavera porque es renacimiento. Conecta con nuestro espíritu y vitalidad que busca siempre crecer y preponderar por sobre nuestras tendencias más pasivas.
Nos recuerda que ahí estamos, que nuestra esencia sigue intacta, con ganas de florecer, que aún cuando alguna angustia se haya instalado en nuestro invierno interior, nuestra alma busca el sol de nuestras esperanzas y se expande con la confianza en nosotras mismas y en nuestros sueños.