Somos seres sociables. Interactuar, relacionarnos con otros afectivamente, comunicarnos con quienes forman parte de nuestra realidad, lo vivimos como una necesidad. Nuestra propia existencia va cobrando significado en esa inter-relación.
En cualquier etapa de la vida ser aislada por el entorno o aislarse por decisión propia en tiempos prolongados, puede ser una clara señal de que algo en el orden de lo emocional no está bien. Y en la tercera edad el aislamiento puede llegar a impactar de una manera desbastadora para la persona.
El sentimiento hacia un hijo comienza a constituirse a partir del deseo de ser madre, aún antes de la confirmación del embarazo y, en el caso de la adopción, en el momento en que ésta se decide.