Cuando decimos "no tengo tiempo" es interesante preguntarse "para qué lo digo" que no es lo mismo de "por qué lo digo". Los por qué me generan cientos de excusas para sentirme justificada y perdonada de no hacer eso que tengo que hacer y otras para protegerme del miedo que me da aquello que sí quiero hacer.
Cuando el miedo, el cansancio y el grado de dificultad son las razones, nos tendemos a llenar de otras tareas para no enfrentarlo y escaparnos siendo complacientes con nosotras. Al fin de cuentas, nos contamos esa historia para darnos el permiso sin sentir culpa al respecto.
