Todos tenemos NUESTRO demonio. Digo así, porque todos tenemos una parte "Lucifer" (portadora de luz) que en su estado embrionario ya estaba muy por encima de todo lo que logramos ser.
El germen de nuestro yo verdadero, en algún momento, modificó su desarrollo hacia derroteros tenebrosos, que ocultan su verdadera naturaleza luminosa por efecto de un desamor primario.
Con el tiempo y los aprendizajes de la vida, no hay nada más alentador cuando nos perdemos, que empezar a encontrarnos en los saberes que ya tenemos, que dan testimonio sobre nuestro recorrido, crecimiento personal y evolución, que definen nuestra esencia y la forma de abordar la vida que vamos desarrollando.