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Jue, Ago

Cinco hábitos simples que pueden transformar tu salud cada día

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Cuando se habla de salud, muchas personas creen que para mejorar su bienestar es necesario implementar cambios radicales. Sin embargo, la evidencia demuestra que pequeñas acciones cotidianas pueden contribuir a aumentar la energía, mejorar la calidad de vida e incluso reducir el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas.

 

 "Las pequeñas decisiones sostenidas en el tiempo suelen ser más fáciles de mantener y pueden tener un impacto significativo en la salud a lo largo de los años. También es fundamental realizar los controles médicos correspondientes, ya que la prevención permite detectar de manera temprana posibles problemas de salud", explica el médico especialista en nutrición Nataniel Viuniski, magíster en Nutrición y Alimentos y miembro del Consejo Consultor de Nutrición de Herbalife.

A continuación, te dejamos cinco decisiones que pueden marcar la diferencia en tu bienestar: 

Comenzá el día con una alimentación equilibrada 

La primera comida del día puede influir en los niveles de energía, la sensación de saciedad y las elecciones alimentarias de las horas siguientes. Combinar fuentes de proteínas, fibra y carbohidratos de buena calidad favorece una liberación gradual de energía y puede contribuir a controlar mejor el apetito durante el día.

"En lugar de consumir únicamente café y pan, procurá incorporar un desayuno más completo. Por ejemplo, una fruta con avena acompañada de huevos, yogur, queso magro u otra fuente de proteínas. Otra alternativa puede ser un batido nutritivo rico en proteínas. Esta combinación de nutrientes ayuda a mantener niveles de energía más estables y a prolongar la sensación de saciedad", señala Viuniski.

Encontrá formas de mantenerte activo 

No siempre es posible sostener una rutina estructurada de ejercicio, pero eso no significa que haya que permanecer inactiva. Caminar algunos minutos, subir escaleras, realizar pausas para estirarse o reemplazar parte del tiempo sentado por actividades que impliquen movimiento son acciones que contribuyen a reducir el sedentarismo.

Las investigaciones muestran que incluso pequeñas cantidades de actividad física están asociadas con beneficios para la salud.  

Otro estudio sugiere que realizar algunas sentadillas después de las comidas puede ayudar a reducir los picos de glucosa en sangre. Los investigadores observaron que la contracción de los músculos grandes de las piernas aumenta la captación de glucosa por parte del organismo, lo que favorece el control glucémico después de comer.  

Cuidá tu hidratación

El agua interviene en prácticamente todas las funciones del organismo, entre ellas la regulación de la temperatura corporal, el transporte de nutrientes, la digestión y la capacidad de concentración.

Por eso, una estrategia sencilla es no esperar a tener sed para tomar agua. Incluso una deshidratación leve puede afectar el bienestar, aumentar la sensación de cansancio, alterar el estado de ánimo y dificultar la concentración. Aumentar el consumo de agua podría ayudar a algunas personas a controlar mejor los dolores de cabeza recurrentes, aunque todavía se necesitan más estudios para confirmar este posible beneficio.

"Como referencia general, recomiendo calcular aproximadamente 35 mililitros de agua por cada kilogramo de peso corporal. En días de mucho calor o cuando se realizan entrenamientos intensos, esa cantidad debería aumentar", indica Viuniski. 

Reservá algunos minutos para bajar el ritmo 

En una rutina atravesada por compromisos y una gran cantidad de información, hacer pausas resulta necesario. Detenerse unos minutos para respirar profundamente, estirar el cuerpo, caminar o simplemente alejarse de las pantallas puede ayudar a aliviar el estrés y mejorar la capacidad de concentración.

Las prácticas de atención plena, como el mindfulness, están asociadas con una reducción de los síntomas de ansiedad y estrés. Frenar, respirar profundamente, llevando la atención al presente debe incorporarse como una rutina.

Priorizá una buena noche de sueño

Dormir bien es una de las estrategias más importantes para cuidar la salud a largo plazo. Durante el sueño, el organismo lleva adelante procesos fundamentales para la recuperación física, la consolidación de la memoria, el equilibrio hormonal y el funcionamiento del sistema inmunológico.

Dormir pocas horas o tener un descanso de mala calidad está asociado con un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares.

"La recomendación para las personas adultas es dormir entre siete y ocho horas por noche. Para lograr un mejor descanso, también es importante mantener horarios regulares para acostarse y levantarse", concluye el especialista.

Porque cuidar la salud no siempre implica hacer grandes sacrificios. Incorporar pequeños hábitos, mantenerlos en el tiempo y realizar los controles médicos preventivos puede marcar una gran diferencia en el bienestar presente y futuro. A veces, los cambios más simples son los que generan el mayor impacto.