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Jue, Ago

El corte ideal no depende de tu rostro: depende de tu estilo de vida

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Querer un corte que no se tenga que peinar es, probablemente, uno de los deseos que casi todas las mujeres queremos para poder simplificar la rutina, ganar tiempo y sentir que nuestro cabello luzca bien sin demasiado esfuerzo.

 


 Pero, en la realidad, el corte que se acomoda completamente solo, en la enorme mayoría de los casos, no existe. El cabello tiene memoria, dirección de crecimiento, textura, peso, densidad y movimiento propios. A eso se suma la humedad, el clima, la forma de dormir, la calidad de la fibra y hasta el largo elegido, por eso pretender que un corte, por sí solo, haga todo el trabajo es poner sobre las tijeras una responsabilidad que ningún corte puede cumplir.


Sí, un buen corte puede facilitar muchísimo el peinado, hacer que el volumen caiga mejor, que el flequillo acompañe el rostro o que las puntas tengan más movimiento, pero siempre va a necesitar de una herramienta, de una técnica de secado o, simplemente, de algunos minutos de dedicación.

Cuanto antes dejemos de perseguir esa promesa de lavarse el pelo y salir, menos frustraciones vamos a tener frente al espejo. 


Otro concepto que también merece ser revisado es la idea de que existe un corte perfecto para cada tipo de rostro. Durante muchos años aprendimos que las caras redondas debían alargarse, que las cuadradas necesitaban suavizarse y que ciertos largos favorecían más que otros según la estructura ósea. Todo eso puede ser una referencia útil, pero nunca debería convertirse en una regla. Porque el mejor corte no depende únicamente de la forma de la cara, sino de la mujer que lo va a llevar.


Un buen diagnóstico no busca imponer un corte ideal, busca encontrar el corte ideal para esa mujer. Ahí está la diferencia entre mirar solamente la estructura y comprender también la dinámica. La estructura habla de la forma del rostro, del cuello, de los hombros, de la calidad del cabello y de la dirección en la que crece mientras que la dinámica habla de la vida: de cuánto tiempo tenemos cada mañana, de si hacemos ejercicio, de si trabajamos todo el día con el pelo recogido, de si disfrutamos peinarnos o queremos resolverlo en pocos minutos, de cómo nos gusta vernos cuando nos miramos al espejo y esa información, muchas veces, vale más que cualquier regla.


La peluquería evolucionó y ya no se trata solamente de elegir el corte que queda bien, se trata de encontrar uno que acompañe la personalidad, los hábitos y la rutina de quien lo va a usar. Porque un corte hermoso que obliga a una mujer a ser alguien que no es termina siendo un mal corte, pero un corte que respeta su estilo de vida, que entiende su cabello y que la hace sentirse ella misma, probablemente sea el mejor corte posible.