La decisión de postergar la maternidad dejó de ser una excepción y se transformó en una conducta que creció de manera sostenida durante los últimos años. El cambio en los proyectos personales, la mayor autonomía de las mujeres y la extensión de sus trayectorias profesionales impulsaron una tendencia que ya mostró cifras contundentes. Según la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva, entre 3.500 y 4.000 mujeres congelan sus óvulos por año desde el año 2020, en un proceso que aumenta alrededor de 20% anual. La edad promedio de quienes inician este camino se ubica en 36 años, un dato que refleja la urgencia de tomar decisiones informadas antes de que la fertilidad disminuya de forma marcada.
El crecimiento constante de la criopreservación de ovocitos abre un escenario donde el acceso a información clara resulta tan relevante como el avance de las técnicas. El Dr. Gastón Rey Valzacchi, director médico de Procrearte, señala que el primer paso consiste en comprender la reserva ovárica: "La mujer nace con una cantidad determinada de óvulos y ese número disminuye con el tiempo, especialmente después de los 35 años. La posibilidad de medir la reserva ovárica permite anticipar escenarios y definir si la preservación tiene sentido para cada paciente".
Esa evaluación incluye dos estudios simples: una ecografía con recuento de folículos y un análisis de hormona anti mülleriana. Ambos ofrecen una foto precisa del punto de partida. Sobre esa base se define la estimulación ovárica, un proceso de alrededor de diez días con controles ecográficos programados. "No se trata de un procedimiento complejo, pero sí exige dedicación y constancia. Aplicarse la medicación, asistir a las ecografías y sostener el seguimiento determina la respuesta del ovario y, en consecuencia, la cantidad de óvulos que podemos recuperar", sostiene Rey Valzacchi.
La clave, tanto para médicos como para pacientes, está en establecer expectativas realistas. No significa lo mismo recuperar dos óvulos que obtener diez o más, y ese diferencial impacta en las posibilidades futuras. La punción ovárica, realizada bajo sedación y en quirófano, completa el proceso. A partir de allí, la técnica de vitrificación permite alcanzar temperaturas extremadamente bajas que detienen por completo la actividad celular. "Al estar a menos 196 grados, el óvulo deja de tener metabolismo y no envejece. Por eso resulta lo mismo conservarlo un mes que diez o quince años", afirma Rey Valzacchi.
Aun así, estas posibilidades no convierten al embarazo en una opción ilimitada en el tiempo. Rey Valzacchi aclara que la preservación debe pensarse dentro de los márgenes que impone la salud materna: "La posibilidad de conservar óvulos por años tiene el límite y es el que la mujer necesita también una determinada edad para poder soportar un embarazo". El especialista enfatiza que, si bien la vitrificación mantiene intacta la calidad de los ovocitos, el cuerpo que transitará la gestación sigue siendo determinante. Por eso, en la práctica clínica se establece un límite razonable, cercano a los 50 años, para resguardar la seguridad de la mujer y del futuro embarazo.
El conocimiento de estos aspectos médicos convive con otro componente central: la tranquilidad emocional de quienes optan por la preservación. La experiencia de miles de mujeres muestra que la principal motivación es ganar tiempo para decidir. Lo confirma Rey Valzacchi: "Muchas pacientes no buscan un embarazo inmediato. Quieren asegurarse la posibilidad de elegir cuándo intentarlo, sin que la biología defina por ellas".
En Procrearte, este enfoque se integra en un modelo de acompañamiento que combina asesoramiento clínico, tecnología y soluciones de largo plazo. Una de ellas es Maternity Bank, el programa que ofrece resguardo seguro y seguimiento integral de los ovocitos vitrificados. Su propuesta prioriza la continuidad del cuidado, desde el diagnóstico inicial hasta el eventual uso de los óvulos en un tratamiento futuro.
A su vez, los avances en inteligencia artificial ocupan un lugar creciente dentro de la medicina reproductiva, aunque su aplicación más relevante en esta temática se concentra en la evaluación de ovocitos. La dra. Liliana Blanco, especialista de Procrearte, destaca el aporte de estas herramientas: "La IA permite analizar parámetros que antes dependían solo de la observación humana. Evaluamos la calidad de los ovocitos destinados a vitrificación y también de aquellos que se fertilizan en fresco, lo que nos da una previsión más exacta sobre el desarrollo embrionario". Ese análisis mejora la selección, reduce la variabilidad entre operadores y aumenta la precisión diagnóstica.
Miedos, dudas y pasos reales: lo que toda mujer necesita saber antes de congelar óvulos
La estimulación ovárica se organiza para convivir con la rutina laboral y personal de cada mujer, sin exigir interrupciones prolongadas. El esquema de tres o cuatro ecografías programadas brinda previsibilidad y permite adaptar el tratamiento a las respuestas del ovario.
Las inyecciones subcutáneas, señaladas como uno de los principales temores iniciales, forman parte de una práctica sencilla que la mayoría de las pacientes incorpora con naturalidad. En casi todos los casos, la autoadministración es viable. La medicación utiliza agujas muy finas y no genera dolor.
El proceso incluye una consulta con el especialista, la evaluación de la salud reproductiva, la preparación endometrial, la descongelación y la fecundación mediante FIV. Luego se producen el cultivo embrionario y la transferencia. Cada etapa se desarrolla con un protocolo que busca asegurar las mejores condiciones para el embarazo, tanto desde el punto de vista médico como emocional.
La experiencia indica que la información clara disminuye la ansiedad y fortalece la toma de decisiones. Procrearte intensifica este enfoque mediante contenidos educativos y espacios de asesoramiento que explican, paso por paso, qué ocurre antes, durante y después de la preservación. "El objetivo no es generar expectativas irreales, sino brindar datos certeros. La preservación no garantiza un embarazo, pero sí garantiza una oportunidad", explica Rey Valzacchi.
Blanco coincide en ese punto y agrega que la medicina reproductiva avanza hacia la personalización de los tratamientos y hacia la integración de tecnologías que promueven diagnósticos cada vez más precisos.
En un escenario donde la postergación de la maternidad se vuelve cada vez más habitual, el congelamiento de óvulos se consolida como una alternativa que combina autonomía reproductiva, respaldo médico y soluciones tecnológicas avanzadas. La tendencia creciente, sostenida año tras año, muestra que cada vez más mujeres optan por preservar su fertilidad con información sólida, acompañamiento profesional y recursos técnicos que amplían las posibilidades de futuro.