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Mié, Feb

El sol no se toma vacaciones: la importancia de usar protector solar en invierno

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 Durante mucho tiempo, la fotoprotección se asoció únicamente al verano. Pero hoy, tanto la dermatología como la medicina preventiva coinciden en algo fundamental: los rayos UVA (principales responsables del envejecimiento cutáneo y del daño celular profundo) están presentes todo el año, incluso en días nublados o fríos.

 

Según la Asociación Española de Dermatología y Venereología, los UVA representan el 95 % de la radiación ultravioleta que alcanza la Tierra, y atraviesan nubes, cristales y la epidermis. Es decir, siguen activos también en invierno, y su efecto acumulativo puede dejar huella silenciosa en la piel.

Un estudio realizado en España reveló que, aunque el 65 % de las personas elige protectores con FPS 50 o más, apenas un 13 % reaplica el producto cada dos horas, como indican las recomendaciones médicas. Además, el 45 % aún cree que el sol de invierno no daña.

Otro dato que alerta: sólo 1 de cada 10 personas aplica el protector correctamente: en cantidad, frecuencia y en todas las zonas clave. Y eso ocurre incluso en países donde el consumo de fotoprotectores ha crecido de manera sostenida en los últimos años.

En Argentina, donde aún persisten muchos mitos asociados al bronceado, la prevención sigue siendo una deuda pendiente, también en invierno.

En regiones turísticas como la Patagonia, Mendoza o el norte cordillerano, las condiciones de altitud y el reflejo en superficies blancas potencian la exposición. Por cada 1.000 metros de altura, la radiación UV se incrementa un 10 %. Y la nieve puede reflejar hasta un 80 % de los rayos.

Es decir: una jornada en la montaña puede exponer más que un día entero en la playa. Por eso, los deportes de invierno y actividades al aire libre exigen protección reforzada, aun en temperaturas bajo cero.

Los especialistas recomiendan incorporar el protector solar como parte de la rutina diaria.

-Aplicar protector solar todos los días en rostro, cuello, escote, labios, orejas y manos. FPS 30 como mínimo; FPS 50 si hay antecedentes de manchas, piel sensible o exposiciones intensas.

-Reaplicar cada dos o tres horas, sobre todo si se está al aire libre.

-Elegir fórmulas hidratantes con ingredientes como ácido hialurónico, ceramidas o niacinamida, que ayuden a contrarrestar la sequedad del invierno.

-Complementar con protección física: anteojos con filtro UV, gorros, cuellos altos y ropa con protección UPF (factor de protección ultravioleta).

Los rayos UVA generan radicales libres que afectan la estructura profunda de la piel: rompen fibras de colágeno y elastina, alteran la pigmentación y dañan el ADN celular.

El resultado: arrugas, manchas, pérdida de firmeza, textura irregular. A este proceso silencioso se lo conoce como photoaging, y ocurre muchas veces sin quemaduras ni bronceado visible. Es el daño acumulativo, que se manifiesta años después.

Cáncer de piel: el riesgo que sí importa

El cáncer de piel es el más frecuente a nivel mundial y también en Argentina, según la Sociedad Argentina de Dermatología. Se estima que 1 de cada 3 cánceres diagnosticados es de piel, y en gran parte de los casos, el daño comenzó por exposiciones sin protección, repetidas a lo largo del tiempo.

El invierno no detiene ese riesgo. La radiación sigue activa, y la piel que no se cuida ahora puede desarrollar lesiones más adelante. Los controles dermatológicos anuales, junto con la autoexploración de lunares (siguiendo la regla ABCDE), son aliados clave para la detección precoz.

La fotoprotección ya no es un tema de moda, ni exclusivo del verano. Es un acto de salud, de autocuidado y de responsabilidad.