25
Mar, Jun

Grandes avances en la cirugía que resuelve el pectus excavatum o pecho hundido

Typography

 El Equipo de Malformaciones Torácicas del Hospital Italiano de Buenos Aires realizó más de 40 procedimientos quirúrgicos para revertir el pectus excavatum durante los últimos tres años. Es una malformación del tórax que afecta la calidad de vida de los niños, adolescentes y adultos jóvenes que la padecen. Hoy, la cirugía es más precisa, menos invasiva y dolorosa gracias a las novedosas técnicas de planificación virtual, que permiten crear la prótesis exacta para cada paciente, y la crioanalgesia, que reduce significativamente el dolor posoperatorio.

 

El pectus excavatum o pecho hundido es la patología más frecuente dentro de las malformaciones torácicas y tiene un impacto grande en la calidad de vida de las personas que lo padecen (1 de cada 300-400 niños a nivel mundial, dependiendo la población). Suele aparecer durante el desarrollo, en la pubertad y la adolescencia. El pecho queda hundido, los hombros inclinados hacia delante y redondeados, la panza hacia afuera, y aparece una giba en la espalda. La razón del pectus excavatum es que el cartílago que une el esternón con las costillas, que debería acompañar el crecimiento del tórax, crece en forma acelerada y empuja al esternón hacia adentro.

¿Cómo es el procedimiento?

La intervención dura 3 horas aproximadamente, es mínimamente invasiva y con una técnica segura. Consiste en levantar el esternón por medio de la inserción de una o dos prótesis metálicas que se colocan entre las costillas y que logran reconfigurar el tórax. Este procedimiento se realiza a través de dos incisiones pequeñas, una de las cuales se utiliza para colocar las prótesis y la otra para insertar una cámara que permite tener una visión directa. “Antes era una cirugía bastante invasiva y cruenta porque se hacían cortes en el frente del pecho y los postoperatorios resultaban muy dolorosos y complicados. En cambio ahora, es mínimamente invasiva y segura”, asegura el Dr. Gastón Elmo, jefe del Equipo de Malformaciones Torácicas del Hospital Italiano de Buenos Aires.

La intervención se lleva a cabo bajo un planeamiento prequirúrgico riguroso: primero, se realiza un test de alergia para definir si las prótesis se hacen de acero quirúrgico o con placas de titanio hipoalergénicas. Por otra parte, a través de una tomografía y de un software de planificación virtual, se calcula cuánto hay que elevar el tórax y cómo tiene que ser moldeada la prótesis; luego se diseña a medida para que quede como un armazón inamovible.

El desarrollo de la crioanalgesia (la anestesia por medio del frío) durante los últimos dos años marcó un giro rotundo en estos tratamientos. A través de la misma cámara que se inserta en la cavidad torácica, se aplica frío en forma directa sobre los nervios ubicados en los espacios intercostales -del tercero al séptimo bilateral- a -70 grados centígrados.

Esto reduce muchísimo el dolor posoperatorio y disminuye considerablemente el tiempo de internación y la necesidad de analgésicos evitando, en la mayoría de los casos, la necesidad de terapia intensiva. Antes se necesitaba de una internación de alrededor de una semana y hoy ese promedio bajó a 2 o 3 días, lo que implica también que los pacientes vuelvan a su vida habitual más pronto y que pueda empezar antes a hacer actividad física”, afirma el Dr. Pablo Lobos, jefe del servicio de Cirugía Pediátrica del Hospital Italiano de Buenos Aires.

El equipo de malformaciones torácicas también es referente en el tratamiento no quirúrgico del pectus. Es posible recurrir a este tipo de soluciones cuando los niños son menores de 10 u 11 años, indicando el uso de una campana de vacío para llevar el esternón hacia adelante. También se puede aplicar técnicas de tratamiento no quirúrgico cuando se trata de la malformación pectus carinatum o pecho de paloma, con la que el esternón se desplaza hacia afuera.

El Hospital Italiano de Buenos Aires es de los más experimentados en la región en malformaciones torácicas. Cuenta con los profesionales y el equipamiento necesarios para realizar los tratamientos quirúrgicos y no quirúrgicos, todo en el marco de un hospital general de alta complejidad, que brinda soporte ante cualquier eventualidad.  Durante los últimos tres años, el Hospital recibió alrededor de 2.000 consultas por esta patología de pacientes pediátricos en edad prepuberal y adolescentes, motivados por las preocupaciones estéticas y emocionales relacionadas con la deformidad torácica.

Para darles respuesta y contención, “en la sede de San Justo establecimos el Centro de Cirugía de las Malformaciones Torácicas y armamos un equipo con pediatras que hace seguimiento en el pre y posquirúrgico así como con kinesiólogos que trabajan en ejercicios fundamentales en el postoperatorio y psicoprofilaxis. Todo redunda en una atención orientada a acompañar y a brindar soluciones cada vez menos invasivas, más seguras y menos dolorosas para los pacientes”, afirma Elmo.