El perfume es un complemento más de la belleza que marca nuestra personalidad. No puede faltar si queremos ser recordadas donde vayamos.
La variedad de los perfumes es incontada hoy en día, pero se los puede desglosar según sus esencias entre naturales o artificiales. Los primeros son aquellos que su procedencia es de origen vegetal, como los pétalos, hojas, ramas, raíces, frutas y semillas de diferentes plantas. También pueden ser de animales cuando son de almizcle, algalia, ámbar y castóreo. Y los otros, son los que están preparados con compuestos químicos.
El abanico de opciones hace que a veces se nos dificulte su elección, más sabiendo que no queda igual en todas las pieles. Esto sucede porque influye la cantidad de agua que se tiene en la epidermis, la temperatura corporal, la secreción sebácea y el pH de la piel. Razón por la que no hay que elegir un perfume porque te gustó como huele en otra persona, ya que en vos va a sentirse diferente.
Para comprar EL perfume por el que te identifiquen, te conviene ir, si podés, a la primera hora de la mañana que es cuando el olfato está más sensible y, preferentemente sin tener puesto otro para que no se mezcle con el que vas a consultar. Es aconsejable no probar más de tres a la vez para no perder sus aromas al confundirse con los demás.
Los mejores lugares para probarlos son las muñecas y en el doblez del codo y esperar 15 minutos para volver a olerlo ya que varía su fragancia. Si sentís que se funde en tu piel, que armoniza con los sentidos y se adapta a tu personalidad, ese es TU perfume.
Para mayor duración hay que aplicarlo en el cuello, la nuca, el pliegue de los codos, detrás del lóbulo de la oreja y en las muñecas, sin frotar éstas para no destruir la estructura de la fragancia y que se evapore antes.
Recordá siempre que el perfume es parte de vos. Es el paso final de los preparativos de la mujer dispuesta a salir a triunfar.