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Mié, May

¿Disfunciones sexuales femeninas?

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La sexualidad siempre ha sido medida, clasificada y controlada desde distintos ámbitos a lo largo de la historia. Si miramos hacia atrás y reflexionamos, seguramente nos preguntaremos cómo puede ser que se haya juzgado, matado, discriminado a una persona por elecciones tan personales y privadas como las relacionadas al sexo. Ya sea desde la mirada del estado, de las diferentes religiones e, incluso, desde la medicina.

 

 

Actualmente podemos decir que se ha avanzado mucho en estos aspectos, sin embargo queda mucho más por hacer para lograr vivir en una sociedad más tolerante, más empática, más compartible.

 

Primero debemos aclarar que el sexo no son los genitales, no es la reproducción y que el sexo no enferma. Todos somos sujetos sexuados y como tal nos sexuamos en un continuo, es nuestra biografía que se va construyendo día a día y que se va haciendo en conjunto a nuestra historia, nuestras relaciones, nuestra cultura, la sociedad en que vivimos.

 

Desde la sexología consideramos que como el sexo es un valor, el cual debemos cultivar, no hay patologías relacionadas al mismo, sino que hay dificultades comunes que suelen surgir en algún momento. Podemos tenerlas en distintos aspectos, ya sea en la excitación, en el deseo, en el orgasmo, sentir dolor por algún aspecto físico, e incluso notar que con otra pareja no sucedía.

 

Hay muchos factores que van a condicionar e influir en los encuentros eróticos entre dos personas, factores que son individuales y otros que se construyen en conjunto.

 

Una de las dificultades más comunes es la falta de comunicación, o la mala información, que va a determinar que estos encuentros no sean satisfactorios. Por eso debemos dejar de lado las normas impuestas y construir en pareja un propio arte de amar (Ars Amandi, Ovidio), de esa manera vamos a evitar que las dificultades comunes que se presenten nos llenen de angustia y, poco a poco, vayan desencantando esos encuentros.

 

No vamos a dejar de comentar que sí hay aspectos físicos que pueden generar una dificultad que antes no teníamos, por ejemplo alguna lesión genital que genere dolor o alteración de la sensibilidad, lo cual claramente va a influir en nuestra sexualidad.

 

Lo que debemos hacer es trabajar sobre esa dificultad para que no llegue a ocupar el centro de nuestros encuentros y, de esa manera, evitar la angustia que de ello deriva.

 

Muchas veces se ha resuelto una patología física o genital y sin embargo no se ha podido mejorar la respuesta sexual. Esto se debe a que se confunde el sexo con los genitales y pensamos que con el simple hecho de tener genitales sanos vamos a tener buena respuesta sexual.

 

Los genitales sienten, así como otras zonas erógenas del cuerpo, pero es el cerebro el que le da sentido a las sensaciones. Por lo tanto es tan importante la capacidad de sentir físicamente el estímulo placentero como de codificarlo como tal. Entonces, si logramos mediante algún tratamiento tener una sensibilidad adecuada o quitar la sensación de dolor que se había generado, el paso que sigue es demostrarle al cerebro que aquello ha cambiado y que ahora la sensación que nos va a generar el encuentro va a ser positiva.

 

Todas hemos tenido o tendremos dificultades comunes en nuestra vida sexual, con alguna pareja sí y con otra no, lo cual no nos debe categorizar dentro de una enfermedad, porque no lo es. Debemos saber que no estamos exentas, que es importante el diálogo en la pareja, informarse, y sobre todo compartir momentos que hagan crecer ese arte de amar que nos caracteriza.