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Sáb, Mar

Cuando los chicos se aburren en las vacaciones

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Con la presencia de los chicos en casa muchos padres se encuentran con una problemática común: los niños dicen aburrirse rápido. ¿Qué se puede hacer? Atender sus pedidos es muy importante pero esto no quiere decir hacer lo que piden sino, escucharlos.


 Hay que prestar atención a que la falta de rutinas escolares no se transforme en una desorganización total de ritmos vitales. Se pueden flexibilizar los horarios pero es importante que duerman de noche y coman de modo ordenado, aunque es esperable que con los días más largos se duerman más tarde. Los adultos  deberían preguntarse ¿de quiénes son las vacaciones? ¿Para quién?, ya que para las familias los recesos se transforman en un problema más que en un momento deseado.

Los chicos necesitan estar con sus pares, tener la posibilidad de encontrarse con otros para jugar, que tengan opción a ir a espacios donde puedan desplegar actividades acordes a su edad y necesidades. Es útil encontrar  organizadores  diarios que faciliten el establecimiento de nuevas rutinas, para este nuevo tiempo.  Recordemos que el cerebro necesita tanto novedades como rutinas. La búsqueda de ese equilibrio suele ser la clave para favorecer el bienestar.

¿Qué hacemos?
Durante las vacaciones las familias tienen la oportunidad de compartir más tiempos juntos, lo que a veces puede ser un desafío. Quienes no están acostumbrados a compartir algunas actividades o tanto tiempo juntos pueden tener conflictos que requieran aprender a negociar. Puede servir para conocerse y aprender nuevas formas de comunicación.  Diferentes temperamentos  en cada niño y en cada progenitor suele generar encuentros o desencuentros. Hay pequeños que necesitan tiempo en vacío y allí pueden desplegar sus recursos imaginativos  y su interioridad. Otros, por el contrario, son más de acción y disfrutan más el hacer que el pensar. Respetar cada temperamento estimulando aquello que no han desarrollado es una circunstancia bien compleja.  Son situaciones de exigencia para los cuidadores y a veces requieren el asesoramiento de un especialista.

¡Me aburro!
Para que no se aburran hay muchas alternativas. Entre ellas hay actividades pautadas como colonias o bien puede ser una oportunidad para aprender un nuevo deporte.

También las actividades libres como ir a la plaza con amigos o visitar algún espacio de la ciudad desconocido, museos, son buenas propuestas.

Los chicos también pueden participar acompañando a los padres en su vida diaria, pero no deben ser planteadas como rutinas aburridas ni obligaciones, sirve para que aprendan a conocer el mundo adulto: ir al supermercado, cocinar, llevar el auto al taller, ir al banco.

Perder el miedo a aburrirse también puede ser una buena premisa. A veces, al no estar divertidos se sienten motivados para buscar en su interior la respuesta más que esperar que otro se las dé. El adulto puede facilitar el conocimiento más que darle todas las respuestas.