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Sáb, Sep

Él no quiere que trabaje

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¿Él te planteó que no quiere que empieces a trabajar, o sugirió que dejes tu puesto actual? Algunas de sus razones: deberías pasar más tiempo con los niños, no ponés energía en la relación, las mujeres tienen que estar en el hogar, te ves cansada, el dinero que ganás no hace diferencia.

 

Lo cierto es que disfrutás de tu trabajo, te sentís bien en ese ámbito y lo considerás un buen lugar de desarrollo profesional y personal. Se lo comentás y él insiste en su postura. Es lógico que te duela no sentirte apoyada por tu compañero en un tema tan importante; tratá de escuchar sus argumentos y exponé los tuyos. No te angusties ni te dejés convencer; tratá de interpretar sus argumentaciones para saber si tienen algún asidero. Y, sobre todo, tené lucidez al momento de tomar una decisión para que la misma no contradiga tu sentir.

“El dinero que ganás no es significativo”: quizás no lo sea a nivel familiar pero lo es para tu economía personal. No deseás solicitarle dinero a tu novio o marido cuando siempre has tenido autonomía económica. Muchas parejas consensúan que la mujer – o el hombre – no trabaje porque pagar a quienes cuidan a los hijos a veces es más oneroso que quedarse en casa, por ejemplo. Evaluá si este es el caso y si deseás circunscribirte al ámbito doméstico. Quizás querés seguir trabajando porque te hace bien, porque ampliás tu círculo social, porque lo ves un puente hacia tu desarrollo o, simplemente, porque te tranquiliza saber que no dependés económicamente de nadie. Que uno aporte más que el otro no lo hace más “importante” en la relación. El dinero puede llegar a constituirse en un tema de poder. Si esto está ocurriendo, encendé las alarmas.

“Una madre debe estar en el hogar”: que trabajés no quiere decir que no compartas tiempo familiar. Cantidad no implica calidad.  Quizás combinar un poco tus actividades favorezca el vínculo con los hijos, por ejemplo. No te dejés presionar.

“Necesitás compartir más en pareja”: ¿realmente pasan poco tiempo de calidad juntos? ¿Por qué achacarlo a lo profesional? Quizás necesiten dialogar acerca de las causas reales del desencuentro. ¿Exceso de actividades de alguno de ambos? ¿Falta de comunicación? Es importante que los pactos de pareja sean claros. Quizás él tenga expectativas sobre el vínculo que no coincidan con las tuyas y el tema laboral sea solo el disparador de algo más profundo.

“Tu trabajo no te ayuda a crecer”: tené cuidado con naturalizar este tipo de argumentaciones. Si él desmerece tu ocupación, si te dice o sugiere que lo que hacés no es trascendente, que es algo menor, es una forma de manipularte y maltratarte. Hay quienes solo logran sentirse importantes descalificando al otro y relativizando sus logros. No lo permitas.

“El ambiente de tu trabajo no es bueno”: en todo caso, vos tenés que analizar si esto es así y decidir en consecuencia. Detrás de juicios de estas características suelen enmascararse los celos y la necesidad de controlar al otro.

Preguntate qué ocurrió con tu pareja desde que lo conociste. ¿Siempre tuvo posturas radicales o está buscando argumentaciones para tenerte bajo su control?. Quizás siempre estuviste al lado de una persona machista y controladora y no quisiste o no pudiste verlo en su justa dimensión. En lugar de entristecerte, vé la posibilidad de tener una perspectiva clara sobre tu compañero para poder decidir si querés o no seguir con él.