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Mar, Sep

Helen Keller – Un ejemplo de vida

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“ Las mejores y más bellas cosas en el mundo no pueden verse, ni siquiera tocarse. Ellas deben sentirse con el corazón.” Helen Keller

Helen Keller fue una escritora, oradora y activista política, que quedó sorda y ciega de muy pequeña y que demostró al mundo que las discapacidades físicas no son un impedimento cuando se desea progresar en la vida. A eso se dedicó, primero aprendió a leer, a escribir y a hablar, después estudió en la universidad y más tarde, comenzó su etapa como escritora. Gracias a eso recorrió países del mundo dando conferencias y ayudando a ciegos y a sordos para que dejen de ser discriminados y tengan las mismas posibilidades que ella tuvo de salir adelante.

Nació el 27 de junio de 1880 en Tuscumbia, Alabama, Estados Unidos. Sus padres fueron Kate Adams Keller, trabajadora de una plantación de algodón, y el capitán y editor de prensa, Henley Keller. La pequeña, al año y medio de vida sufrió de fiebre muy alta, que la dejó con graves secuelas por el resto de su vida: quedó sorda y ciega. Obviamente, la infancia fue muy dura y tratar con ella se tornaba imposible. Tocaba las caras de las personas para reconocerlas, y usaba su olfato para darse cuenta en qué sector de la casa estaba.  

La niña se desesperaba por no poder darse a entender y no saber siquiera cómo hacerlo. Por eso los padres, cuando ella tenía 6 años, contrataron a una institutriz para que la ayude a desenvolverse lo mejor posible.  

Aquí entra a jugar, Anne Sullivan, la mujer más importante e influyente en la vida de la pequeña, ella le enseñó a leer y a hablar. Tarea difícil, pero no imposible. Con amor y comprensión, calmó la agresividad de Helen, y ganó la confianza y la curiosidad para que la niña indagase lo desconocido. Una vez que lo consiguió, le dio un tablero para que escribiera en él, a su vez, para aprender a leer le hacía tocar los objetos explicándole qué era cada cosa y se lo deletreaba en la mano, también le enseñó el sistema Braille. Por su parte, para que hablase le ponía la mano en la garganta para que sintiese las vibraciones y en los labios para notar los movimientos, así después los imitaba. Con la participación en conjunto de un profesor de voz, Helen logró hablar, no correctamente, pero por fin podía hacerse entender y expresar sus sentimientos.  

¿Quién hubiera imaginado que con sus discapacidades podría llegar tan lejos? Ya parecía inverosímil que lograra leer, escribir y hablar. Pero ella aspiraba a más. Por eso comenzó los estudios en un colegio para sordos y otro para ciegos y Anne le explicaba en sus manos lo que decían los profesores y le transcribía los libros usando el Braille. Así pudo ser la primera persona sordociega que se recibió en la universidad, y con honores, en 1904. Su inteligencia fue tan extraordinaria que también aprendió francés, alemán, griego y latín. 

Mientras cursaba la facultad, a Helen le pareció interesante contar su historia de vida, así fue como se volcó a escribirla en sistema Braille y, con la asistencia de su fiel maestra y de Juan Albert Macy, su primer libro, “La historia de mi vida”, se publicó en 1903. Este fue el inicio de una gira de conferencias por diferentes países para describir personalmente sus vivencias, y Anne siempre estuvo a su lado para ayudarla cuando era necesario.  

Gracias a estas charlas se contactó con destacadas personas, desde presidentes y reyes hasta actores y escritores como Charlie Chaplin y Mark Twain con quienes entabló amistad. También conocía a Alexander Graham Bell porque sus padres lo habían contactado ya que trabajaba educando niños sordos. 

Con lo que ganaba con las conferencias y la venta de sus diferentes libros se mantuvo económicamente y se compró su casa. Pero una de sus prioridades, era auxiliar a los ciegos y para ello destinó aportes e hizo campañas con el fin de recaudar fondos benéficos para la Fundación Americana para Ciegos. Siempre luchó  para que las personas con esta discapacidad tuviesen una mejora en su vida y no fuesen discriminados.  

También peleó por la clase trabajadora y por una reforma sociopolítica del país, y para ello se unió al partido socialista. Sin importarle su condición, visitó en los hospitales a los soldados de la Segunda Guerra Mundial para darles esperanza y fe. 

De parte del Presidente Lyndon Johnson recibió la medalla presidencial de la Libertad, (es uno de los premios mayores que puede tener una persona en Estados Unidos), y muchos otros mandatarios quisieron conocerla personalmente para homenajearla. En el Reino Unido fue Vicepresidente del Real Instituto para ciegos. A su vez, de diferentes universidades la invitaban a dar charlas para que cuente su experiencia. 

Pero en 1961, sufrió un accidente cerebrovascular que hizo que dejara de llevar la vida social que estaba manteniendo porque debía estar tranquila en su hogar. La muerte la encontró durmiendo, el 1 de junio de 1968. Su cuerpo fue cremado y se dejaron los restos en la catedral de Washington. 

Desde diferentes géneros y países del mundo se trató de recordar y halagar a esta mujer que fue un ejemplo de lucha personal, que demostró que a pesar de sus problemas físicos, con ganas y perseverancia se puede salir adelante. Calles, escuelas para ciegos y sordos llevan su nombre, se hicieron películas, una obra exitosa en Broadway y una institución de ciegos, llamada Helen Keller International.