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Vie, Oct

Tita Merello - Tanguera de pura cepa

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"Alguien dijo que mi nombre es como el tango. Debe ser cierto, porque me siento un cacho de Buenos Aires. Mi barrio fue la calle, y mis amigas y enemigas, las noches". 

Tita Merello es una de las mujeres más importantes de la cultura de nuestro país. Marcó una época con sus diferentes apariciones como actriz y cantante de tango  en todos los medios, destacándose en cada uno de ellos. Amada por un país entero, siempre fue respetada por todas las generaciones. Carismática y de carácter, supo enfrentar los momentos más oscuros de su vida por los que tuvo que hacerse fuerte para salir adelante. Creyendo en ella y en Dios, lo logró y llegó muy lejos como artista.

Laura Ana Merello, conocida como Tita Merello, nació el 11 de octubre de 1904 en San Telmo, Buenos Aires. Su madre era Ana Gianelli, planchadora, y su padre, Santiago Merelli, (Tita cambió su apellido a Merello) cochero de mateos, quien murió cuando ella tenía apenas 7 meses de vida. Tras este hecho, su infancia fue muy corta y triste porque al no tener dinero, no podía tener alcance a juegos ni a vivir una infancia digna como el resto de los niños.  

Su madre se casó con otro hombre y tuvo un hijo, Pascual Anselmi. A los 5 años, como su mamá tuvo que irse a trabajar Tita fue internada en un asilo. Cuando era más grande, aunque seguía siendo una niña, vivió en Montevideo, Uruguay, y allí trabajó de mucama sin sueldo. También pasó un tiempo en un campo donde ordeñaba vacas, preparaba asado y cebaba mate. Así se ganaba la vida en vez de estar jugando y estudiando. Sin saber leer ni escribir, conoció perfectamente los significados del hambre y del miedo porque los vivía en carne propia cada día de su vida.  

Cuando tenía quince años, se cruzó con el redactor periodístico del diario La Nación, Eduardo Borrás, de quien se hizo muy amigo y pasó a ser  una persona clave para su vida porque fue su gran maestro. Fue tan lista que de ser analfabeta pasó a ser parte de la revista Voces en 1931, publicando los artículos que escribía. Muy pocas actrices de nuestro país tuvieron el lujo de tener carnet de periodista, y Tita fue una de ellas. Le encantaba escribir crónicas, poemas, consejos y su historia de vida, reflejada en su libro “La calle y yo” que editó en 1972.  

Sus primeros contactos con el teatro no fueron muy buenos, comenzó siendo corista, luego en 1920 participó de la obra “Las vírgenes de Teres” pero cuando tuvo que bailar no tuvo aceptación por parte del público, desilusionada optó por presentarse en los cafés exclusivos para hombres. La apodaron “la vedette rea” cuando se inició como vedette de la revista nacional, y en el Teatro Maipo cantó su primer tango llamado Trago Amargo. Allí fue figura estelar. Demostró que era ideal para cantar tangos y cada vez le daban mayor participación en variadas obras.  

En 1933, en el primer film argentino sonoro “Tango”, tuvo su debut en el cine. Comenzó a interpretar papeles como segunda protagonista en varias películas para luego consagrarse como actriz dramática. Pero las treinta y tres películas que realizó la llevaron a ser una de las estrellas principales del cine de oro de Argentina en las décadas del ´40 y del ´50. Por sus excelentes actuaciones recibió premios de jerarquía como actriz de reparto y mejor actriz. En los ´90 fue considerada Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. 

Como cantante también demostró tener habilidades, algunos de los tangos que interpretaba pasaron a ser parte de nuestra historia, como Se dice de mí, Pipistrela y El choclo.  

Algunos compañeros de trabajo la definían como una persona exigente y de mal humor cuando no salían bien las escenas, pero eso pasaba porque era sumamente profesional.  

Gran amiga de Victoria Ocampo, Julio Mahárbiz y Víctor Sueiro fue una mujer muy solitaria, tuvo romances con varios actores con los que trabajó. Su único amor, tal como ella lo consideraba, fue Luis Sandrini, con quien estuvo durante seis años. Hicieron gira juntos, a veces trabajando en los mismos proyectos y otras por separado. Cuando él tuvo que viajar a México, Tita lo acompañó y como allí era considerada muy buena actriz le surgieron propuestas laborales interesantes. Le salió tan bien su papel y la crítica mexicana habló tan bien de ella que ganó el premio Ariel, el más importante del país, por ser la mejor actriz del año. 

Tuvieron que separarse cuando lo convocaron para actuar en España porque Tita no pudo acompañarlo debido a que estaba haciendo una película en Argentina y cuando regresó nuevamente al país, Luis Sandrini conoció a la actriz Malvina Pastorino con quien se casó y tuvo 2 hijas. Merello quedó muy dolida por la situación y la consideró su gran enemiga durante casi toda su vida. 

Después de recuperarse sentimentalmente, su nueva pareja fue Tito Alonso pero en un viaje a Luján sufrieron ambos un accidente por el vuelco del auto en el que viajaban y estuvieron internados, después ella terminó la relación.  

En 1955 no tenía muchas posibilidades de trabajo y estaba acusada de traficar té de Ceylán. Aterrada decidió viajar a México tras el derrocamiento del Presidente Juan Domingo Perón. Pensaba que en ese país iba a estar mejor porque conocía a muchos actores y la productora con la que había trabajado, pero ésta cerró por bancarrota y entonces quiso regresar al país ya que vio que no le era posible continuar con su carrera. La situación se complicó aún más cuando tampoco podía regresar a Argentina por apoyar al peronismo.  

Cuando ganó las elecciones el radical Arturo Frondizi, en febrero de 1958, pudo retornar a su país natal y seguir con su profesión, conoció a Hugo del Carril quien la dirigió en varias oportunidades y encabezó un espectáculo de revistas. Así continuó con su merecido éxito gracias a la aceptación del público. Grabó varios discos y también escribió las letras de los tangos Llamarada pasional, dedicada a Sandrini, Decime Dios dónde estás y Muchacha rana, y además algunos textos para una obra de Enrique Carreras. 

También condujo programas televisivos junto a Víctor Sueiro, se dirigía al público femenino a quien le recomendaba hacerse los estudios de papanicolau, ya que ella enfrentó un cáncer y quería prevenir al resto de las mujeres haciéndoles tomar conciencia. Participó en Polémica en el bar con Gerardo Sofovich. Por ATC, en Notiservicio, también se dirigía al sexo femenino contestándoles cartas que le escribían. A su vez, Todo Tita y Conversando de todo con Tita fueron ciclos de radio en los cuales supo brillar como lo hacía en casi todos sus trabajos.  

A los 81 años optó por dejar el cine y a medida que el tiempo pasaba ella tenía menos apariciones públicas, sólo podíamos disfrutar de escucharla por radio o por llamados telefónicos en programas de televisión. Quería que la recordáramos bien, como la mujer que siempre fue, alegre y segura, sin tener que arreglarse para las fotos para ocultar lo que la vejez hizo. Esto la angustiaba terriblemente, no quería dar lástima ante una sociedad que idolatraba (y sigue haciéndolo), la belleza y la juventud. Por eso decidió recluirse y tener aún más fe en Dios, el que siempre la ayudó a salir adelante con sus enfermedades. Ni siquiera permitía que entre el periodismo a su casa.  

Sus últimos tres años de vida los pasó en la Fundación Favaloro, porque si bien los problemas del corazón ya habían sanado prefería quedarse allí para que la controlen permanentemente. Le hacían compañía su ayudante y las dos sobrinas que tuvo de su medio hermano que murió tres meses antes que ella. 

Confesando que los domingos le resultaban terribles, reclamaba amor de la gente, no sólo el respeto que supo ganarse. Quería morirse en la calle, en su país porque le debía todo lo que fue. Como si se hubiera entregado, los últimos días estaba más deprimida que de costumbre y ni siquiera comía. Finalmente falleció mientras dormía, solitaria a los 98 años, el 24 de diciembre del 2002, producto de un paro cardiorrespiratorio. Así lo quiso, dijo que quería pasar la navidad junto a sus seres queridos que ya no estaban, y así lo dispuso el destino.  

Fue despedida como una gran personalidad de nuestro país, con el Regimiento de Patricios tocando nuestro himno. Sus cenizas se encuentran en el Panteón de Compositores de Sadaic.  

Cuenta con un monolito en el conventillo de la calle Corrientes 1312 donde ella pasó su adolescencia, un Complejo que lleva su nombre y una plaza pública. Recibió premios en vida y algunos con dinero que donaba al Hospital de Niños y a la ex Casa Cuna.