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Mar, Ene

Ana Frank - Niña convertida en víctima y símbolo del Holocausto

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«Me angustia más de lo que puedo expresar el que nunca podamos salir fuera, y tengo mucho miedo de que nos descubran y nos fusilen.»

La historia de vida de Ana Frank es tan intensa como triste, era una niña con ganas de convertirse rápidamente en mujer, y a quien irónicamente la cruel realidad, la llevó a la fuerza a crecer para poder sobrellevar días de cruenta agonía por ser una víctima entre miles y miles, del más despiadado régimen político liderado por Hitler.

El Holocausto terminó repentinamente con su inocencia para poder ser fuerte y sobrellevar los peores momentos que puede atravesar un ser humano. Primero  ocultándose por dos años con su familia y 4 personas más en una casa construida para ese fin, para evitar presentarse ante los nazis, y en donde comenzó a escribir un diario contando cómo transcurrían allí sus días. Y segundo, luego de ser descubiertos y trasladados a los campos de concentración, para ejercer trabajos forzados y luchar día a día por una ración de pan o “ropa” limpia y no ser atormentada por el frío y el hambre, motivos suficientes por los que a diario morían decenas de personas frente a sus ojos. 

Annelies Marie Frank, conocida como Ana Frank, nació el 12 de junio de 1929 en Alemania. Sus padres eran Otto Frank, teniente alemán de la Primera Guerra Mundial, y Edith Holländer, ama de casa. Tenía una hermana tres años mayor, llamada Margot. La vida de esta familia, como tantas miles, cambió cuando Hitler asumió la cancillería del Reich en 1933. Deciden huir de los nazis y abandonar Alemania para radicarse en Holanda, país donde Otto tenía la oportunidad de fundar una empresa. 

Ana quería ser una chica diferente al resto, soñaba con ser una mujer moderna, viajar, estudiar historia e idiomas. Su padre, fiel amigo y confidente, siempre le decía que tenía que pensar por sí misma y como ella amaba escribir le parecía la manera adecuada de volcar sus pensamientos sin que nadie se burle de ellos. Un día volviendo de la escuela, pasó frente a un negocio y vio en la vidriera un diario y le pidió a su padre que se lo regalase para su cumpleaños número 13 y cuando recibió el obsequio de inmediato comenzó a escribir en él. 

Hacía alusión a sus compañeras y amigas de la escuela, a la relación que tenía con ellas, con su hermana, sus padres y puntualmente su madre con la que no sentía que se entendían y decía que la necesitaba y que quería admirarla. Describía los lugares que frecuentaba con sus amigos, los chicos que le gustaban, es decir, las vivencias típicas de una adolescente. Pero a medida que se familiarizaba con la escritura, comenzó a escribir también acerca de la ocupación alemana y de los cambios implementados coercitivamente a los judíos.  

Comentaba con absoluta indignación que todas las personas judías debían llevar en los sacos una estrella de David cuando se presentaban en público, que no podían subirse a los transportes, que los docentes y empleados públicos judíos eran despedidos, que tenían horarios fijos para circular por la calle y prohibido concurrir a espacios de esparcimiento, ni tener empresas propias; razón por la cual Otto Frank cambió el nombre y los directivos para que no se la quiten. A su vez Ana y Margot debieron cambiar de escuela a una exclusiva para niños judíos. En pocas palabras, éstos no podían tener ningún tipo de contacto con las otras personas de otra religión y/o procedencia. 

Como la familia Frank vivía con miedo porque sabían que el llamado de alguno de ellos por parte de los nazis sería inminente, Otto ya tenía un plan, dejar a todo el mundo en claro que habían emigrado a Suiza pero en realidad irían a esconderse detrás de las oficinas de su empresa. Tuvieron que adelantar la fecha porque Margot recibió una citación para presentarse a trabajar en uno de los campos.  

Con la protección de sus colaboradores, quienes mantendrían silencio y les harían llegar todas las necesidades básicas, tuvieron que ocultarse allí por 2 años, desde el 9 de julio de 1942 hasta el 3 de agosto de 1944.  

Durante el encierro en la “Casa de atrás”, los días transcurrían siempre de la misma manera. En el escondite convivían 8 personas, los Frank, la familia Van Peels (Hermann, Auguste y su hijo de 16 años, Peter) y un dentista Fritz Pfeffer.   Los roces de convivencia no tardaron en aparecer, y a Ana le tocó compartir la habitación con Pfeffer y los conflictos entre ambos eran cada vez más fuertes y seguidos y la pequeña se sentía angustiada por la situación. Pero en el encierro  aprovechaba el tiempo leyendo, estudiando y escribiendo en su diario donde no sólo hablaba sobre sus vivencias personales y sus sentimientos hacia Peter y su primer beso con él, si no que también desarrollaba temáticas profundas acerca de Dios, la naturaleza humana y la guerra. Estudiaba francés, inglés, alemán, taquigrafía y literatura holandesa, geometría, álgebra, historia, geografía, historia del arte, mitología, biología, historia bíblica, pero también leía biografías y novelas. Para no extrañar tanto a su verdadero cuarto se llevó las fotos de sus artistas preferidos de cine, quienes le hacían compañía y la distraían un poco, al igual que cuando miraba desde la ventana a los vecinos, así no se sentía tan sola. Pero también observaba cuando los camiones se llevaban  a decenas de personas hacia los campos de concentración. 

Para no ser descubiertos tenían horarios estipulados y debían cuidarse de los ruidos, de las voces y cuando iban a la despensa de la fábrica a buscar alimentos en los horarios que estaban seguros que no habría ningún empleado rondando por el lugar. Así transcurrían los días, con temor a ser descubiertos y más aún cuando se enteraron de que un trabajador del negocio de Otto estaba con sospechas de que se ocultaban judíos detrás de las oficinas. Fueron más meticulosos pero el día tan temido llegó. El 4 de agosto de 1944 una persona que hasta el día de hoy no se sabe quién fue, llamó por teléfono a la Gestapo para delatarlos. Así concluía una etapa oscura pero se iniciaba otra peor, inimaginable y espeluznante. El calvario recién comenzaba. 

Primero los interrogaron y luego los llevaron a un campo de tránsito en Westerbork, se los consideraba criminales por no haberse presentado cuando fueron citados. Más tarde, luego de un viaje de tres días hacinados en un tren, sin baños, viajando parados y aplastados, llegaron al campo de concentración de Auschwitz. Esa fue la última vez que Ana vio a su padre porque al bajar del transporte los hombres eran separados de las mujeres. Además se dividían entre los que tenían posibilidades de trabajar, y los que no, éstos últimos eran enviados directamente a la cámara de gas, sin discriminar entre adultos y niños. 

Por su parte a Ana, como al resto de las mujeres, la desnudaron, cortaron el pelo bien corto y le tatuaron un código en el brazo con el que sería identificada de ahora en más. Las mujeres tenían que realizar trabajos forzados y dormían amontonadas en refugios frigoríficos, con escaso abrigo y muy poco alimento. Conviviendo además con pulgas, ratas y en medio de suciedad. Lógicamente, las enfermedades no tardaron en llegar y en propagarse.  

El 28 de octubre los nazis hicieron nuevamente otro traslado, esta vez a Bergen -Belsen, allí irían Ana, su hermana y su compañera de encierro de la Casa de atrás, pero la madre debía quedarse.  

Las condiciones eran cada vez más infrahumanas y días terribles les tocaron vivir a todos las víctimas del Holocausto, Ana se estaba rindiendo porque cuando la separaron de su padre pensó que lo habían asesinado y ahora también la habían alejado de su madre y se enteró de su fallecimiento por inanición y porque no soportó estar alejada de sus hijas. La mayoría de sus amigas también habían muerto, salvo Hannah que cuando podía se acercaba a través de un alambrado a arrojarle un poco de su pan para que recobrara fuerzas. Lo único que le quedaba realmente a Ana era su querida hermana, ambas siempre se apoyaron y se daban fuerzas para sobrellevar la situación. Pero Margot no resistió y se murió de tifus al lado de Ana en marzo de 1945.  

Al día siguiente el terrible período antisemita y genocida se llevó otra vida inocente más, la de Ana Frank, la niña convertida en mujer, de tan sólo 16 años.  

A los días se liberaron los campos de concentración y Otto, único sobreviviente de la Casa de Atrás, regresó a su hogar. Sabía que su mujer había muerto pero tenía esperanzas de encontrar a sus hijas vivas. Investigó y preguntó a conocidos sobre su paradero, hasta dar con una chica que estuvo secuestrada con ellas. Lamentablemente le comentó lo sucedido. Destrozado regresó a su casa para transmitir la noticia a las personas que lo habían ayudado en sus dos años de cautiverio y Miep, fiel amiga de la familia y confidente de Ana, le entregó entonces los escritos y el diario de Ana Frank que había rescatado de los nazis cuando los apresaron, y que conservó intacto para dárselo cuando ella regresara.  

Lamentablemente esto no ocurrió pero Otto llevó a cabo el sueño de su hija, el de convertirse en escritora. En 1947, publicó su diario para que el mundo entero sea partícipe de lo acontecido con el Reich y puntualmente con la familia Frank. Se lo tituló La Casa de Atrás, pero luego será conocido como El Diario de Ana Frank, se realizaron varias ediciones y 67 traducciones, obras de teatro y películas. Fue uno de los libros más leídos en el mundo.  

Esta adolescente tiene una estatua en Utrecht, estampillas con su rostro, una Fundación con el fin de unir a los jóvenes de diferentes, razas, culturas y religiones para evitar la discriminación, y se abrió al público la Casa de atrás para que se pueda recorrer el lugar donde Ana comenzó a escribir su famosa historia. 

Ana Frank, fue considerada un símbolo del Holocausto. Sus escritos nos permiten acercarnos a su historia y a la de cientos de miles, conocer con mayor profundidad de análisis estos momentos históricos tan aberrantes e inimaginables, para que no permitamos que vuelvan a suceder.