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Mar, Ene

Frida Kahlo - La pintora mexicana de personalidad y creatividad avasallantes

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Frida Kahlo, fue una pintora mexicana autodidacta muy reconocida debido a su particular estilo artístico y a su fuerte y femenina personalidad, motivos que la enlazaron como una de las conquistas del feminismo internacional. Expresó en sus lienzos los dolores que la aquejaron durante gran parte de su vida a causa de serios problemas de salud y de 32 operaciones, producto de un grave accidente de tránsito; y también las complicaciones amorosas con el hombre que marcó su vida de manera enfermiza.  

La pintura fue una vía de escape del aburrimiento cuando estaba enferma e inmóvil y con sus autorretratos comenzó a transmitir sus más profundos y oscuros pensamientos. Gracias a su arte y a su presencia avasallante, siempre ligadas a las raíces de lo popular como identidad de su país, se hizo famosa a nivel mundial y fue catalogada como una de las más grandes de la pintura mexicana. Su obra es uno de los mayores y mejores documentos verídicos que haya podido plasmar una mujer.

Magdalena Carmen Frida Kahlo y Calderón, conocida como Frida Kahlo, nació en  Coyoacán, en México el 6 de julio de 1907. Su padre era un fotógrafo judío alemán refugiado y su madre una mestiza india sumamente religiosa. Frida tenía 3 hermanas y 3 medio hermanas por parte del matrimonio anterior del padre. Con Cristina, su hermana más pequeña y fiel amiga, querían ser mujeres independientes y no se consideraban creyentes. 

A los seis años sufrió poliomielitis que le dejó la pierna derecha más delgada, para no ser tan notoria la diferencia usaba varias medias a la vez y así evitaba la burla de sus compañeros. Esto la llevó a ser insegura y acomplejada. 

De adolescente, fue una de las primeras mujeres en ingresar a la escuela secundaria, en donde aprendió a leer en tres idiomas y se encandiló con las obras de arte de Da Vinci. También fue allí donde conoció el amor cuando el muralista Diego Rivera tuvo que ir a trabajar a esa escuela. Frida, cuando lo vio, se quedó obnubilada, no sólo por su arte sino también por su persona. Igualmente, al año siguiente, se puso de novia con un amigo de su grupo, con quien estuvo durante cuatro años.

Mientras tanto, los problemas económicos llegaron a su vida, comenzó a buscar trabajo y se capacitó como grabadora copiando la obra de grandes maestros. Así descubrió su talento. 

Su vida transcurría sin grandes sobresaltos hasta que cumplió 18 años. El transporte en el que viajaba chocó con un tranvía y se partió al medio. El cuerpo de Frida sufrió terribles consecuencias: su vientre fue atravesado por un pasamano y tuvo fracturas de columna y costillas, entre otras cosas. Lo que la llevó a estar internada y con varios meses de tratamiento en su casa, con muy poca movilidad debido a los yesos y corsé que tenía. 

Como medio de distracción comenzó a pintar y a volcar todo su dolor en las telas. Se daba cuenta que su novio se estaba alejando de ella cada vez más y le hizo un autorretrato para retenerlo, pero no tuvo suerte con él, sí con el inicio de su carrera, ya que fue el primero de sus tan conocidos y amados autorretratos.  

Dos años después, ya recuperada siguió pintando en su casa; no quiso regresar a la escuela y comenzó a asistir a las reuniones del Partido Comunista y a interesarse por sus ideales. En esta nueva etapa de su vida se cruzó nuevamente con Diego Rivera. Pero esta vez se acercó a él y le mostró sus cuadros para que le diera su opinión, Diego se quedó impactado por las creaciones y también por la personal belleza de Frida. Después de un apasionado noviazgo, contrajeron matrimonio el 21 de agosto de 1949.  

Parecía que la vida de la pintora estaba tomando forma, pero al poco tiempo se enteró de las aventuras que su marido tenía con otras mujeres y por otra parte, se sintió frustrada porque el sueño de tener un hijo con su marido se truncó después de tres pérdidas de embarazo, a causa del estado de su cuerpo.  

Esta situación era un tema recurrente en sus pinturas con muestras acerca de la realidad, la crueldad, el aborto y el sufrimiento. El dolor interno que sentía lo materializó con temáticas sumamente apocalípticas en cuadros ensangrentados hasta los marcos, con sus retratos con collares de espinas, clavos, con cortes en el cuerpo y con columna de metal. Podía incluir en sus autorretratos, banderas, palomas de la paz, esqueletos, sobrinos, animales y plantas como medio para poder llenar los huecos sentimentales que padecía constantemente y por los cuales también se enfermaba cada día más. Era su manera de expresarse, de enfrentarse con ella misma y con lo que estaba viviendo. Una forma de ser libre. 

Su primera influencia en la pintura provino de su padre, quien le enseñó a retocar y colorear las fotografías que él hacía, usaba para eso muy pequeñas pinceladas, mecanismo que para ella iba a ser elemental. Cuando lo conoció a su marido, también tomó determinadas técnicas suyas, pero al tiempo abandonó este estilo para tener el propio. Fue tan suyo, que cuesta encasillarlo dentro de un cualidad artística en particular. Ella misma decía que muchos la consideraban surrealista, pero que en realidad pintaba sus sueños, su propia realidad.  

Si bien el matrimonio tenía siempre altibajos, los momentos de felicidad eran inmensos, por eso Frida estuvo perdidamente enamorada y Diego fue el centro de su vida. Como al muralista le encantaba que su mujer use los trajes típicos de las mujeres indígenas de México y que se vista con trajes llamativos, joyería extravagante y peinetas, ella lucía este look orgullosa, tanto que pasó a ser una marca registrada e ícono de su femineidad. 

Con Rivera tuvo que viajar a Estados Unidos por cuestiones laborales. Después de cuatro años y mucha insistencia logró que regresen a México. Comenzaron nuevamente los problemas maritales, pero lo que la atormentó fue darse cuenta que esta vez, Diego le era infiel con su hermana Cristina. Sumamente dolida, se fue de la casa. Pero como ambos eran las personas que más amaba, no podía vivir sin ellos y los perdonó al poco tiempo. Ella comenzó a tener amantes, hombres y mujeres, y éstas con el consentimiento del pintor. El más conocido, fue León Trotsky, a quien Diego Rivera admiraba y por eso lo ayudó y lo hospedó por dos años en La Casa Azul tras ser perseguido político.  

Como se sentía más segura de sí misma, tomó la pintura profesionalmente y a sus 31 años su carrera estaba en auge, tuvo su primera exposición individual en Nueva York donde el gobierno francés adquirió uno de sus cuadros. Esto la consagró como artista ya que hasta el momento no había ocurrido con ningún pintor de México, y menos con una mujer. 

La relación matrimonial empeoró y optó por pedirle el divorcio, motivo por el que entró en una profunda depresión que obviamente perjudicó su salud. Su amigo y médico de cabecera le aconsejó internarse y también decidió respetar a Rivera y aceptar sus infidelidades porque entendió que él era dueño de sí mismo, que podía ser su compañero pero nunca ser de ella sola. Así contrajeron nupcias nuevamente al año siguiente de haberse divorciado.  

Se inició una de las mejores etapas de su vida personal y profesional, con varias exposiciones y el contrato como maestra en una escuela prestigiosa, donde enseñó a sus alumnos, Los Fridos, el amor a la vida y los conceptos izquierdistas. 

Lamentablemente, la salud de Frida le juega una mala pasada otra vez. Postrada en su cama le era más fácil volcar sus ideas en un diario, allí escribía y dibujaba lo que tenía en su mente, sin tapujos. En 1946 viajó a Nueva York para someterse una compleja operación que era la única esperanza para reestablecer la salud. Le tuvieron que soldar cuatro vértebras con una barra de metal y con un pedazo de hueso de su pelvis. Pero el resultado no fue el esperado, si bien tenía buenos momentos los dolores en la espina dorsal, la anemia, la infección en la mano derecha y la mala circulación en la pierna derecha continuaron y tuvo que ser hospitalizada una vez más en 1950. No toleraba vivir más así y cuando le dieron el alta intentó suicidarse.  

En 1953, cuando su estado era triste y se notaba que el desenlace era inminente, una amiga le organizó una exposición exclusiva. Era la primera vez que exponía en su país, fue una gran victoria por los invitados que asistieron y porque ella se presentó en la galería de arte acostada en su camilla. Allí bebió, cantó y se distrajo con todos sus seguidores. Lamentablemente no mejoraba y  tuvieron que amputarle la pierna derecha porque la gangrena estaba avanzando. 

Continuó pintando con la ayuda de sus fajas que mantenían erguida su columna, y con el espejo en el techo con el que podía observarse para retratarse. En estas circunstancias, cambió por completo su personalidad, se terminó de destruir, se puso más violenta  y tomó mucho alcohol para no sentir tanto los dolores físicos. Si bien se sentía mal y dolorida, quiso asistir a una manifestación política, sabía que sería la última y para despedirse escribió en su diario: “Espero alegre la salida, y espero no volver jamás”. 

Falleció el 13 de julio de 1954, de embolia pulmonar aunque no se descartó la posibilidad de una sobredosis involuntaria de medicamentos. Fue velada en el Palacio de Bellas Artes. Su cuerpo fue cremado y sus cenizas las dejaron en La Casa Azul, donada por Diego Rivera para convertirla en museo.  

Indudablemente con su muerte no se fue su arte, por el contrario, perdura a través de los años y su inconfundible personalidad sigue generando todo tipo de admiradores.