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Dom, Oct

Isadora Duncan - Una bailarina sin límites para quien la danza era el pilar de la existencia

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“Nací a la orilla del mar. Mi primera idea del movimiento y de la danza
     me ha venido seguramente del ritmo de las olas…” 

La historia de vida de Isadora Duncan está ligada a la tragedia, a los escándalos personales y artísticos, y a la lucha constante por vivir intensamente a pesar de los males que aquejaron su existencia. 

Isadora Duncan era una bailarina estadounidense, conocida por innovar permanentemente con su danza y con la manera de presentarse ante un público conservador, con el fin de transmitir su arte único e incomparable hasta el momento. Defensora de los derechos de la mujer y del amor libre, no creía en el matrimonio por eso optó por ser madre soltera en dos oportunidades. Fue una mujer de mucho coraje y desprejuiciada para la época, razón por la que fue amada u odiada, sin términos medios.

El 27 de mayo de 1878, en San Francisco, Estados Unidos, nace Dora Ángela Duncan, conocida como Isadora Duncan. Desde pequeña sintió lo que es la tristeza cuando el padre dejó su hogar y al poco tiempo fue preso. Así, la madre tuvo que cumplir también el rol de padre y hacer frente a la economía familiar para educar y alimentar a sus dos hijas. Como sabía piano comenzó a  enseñar, en especial temas de Mozart, Schubert y Schumann. Isadora escuchaba la música que tanto le alegraba el día y así comenzó a ser una parte fundamental en su vida.  

A raíz de lo sucedido con su padre se consideró ferviente atea. A los 6 años enseñaba danza a las amigas del barrio y cuatro años después abandonó la escuela para dedicarse profesionalmente, junto a su hermana Isabel, a la enseñanza de este arte. Amaba tanto instruir a los niños en la danza que también formó escuelas en los países en donde se instalaba.   

Debido a un incendio en su hogar, que les hizo perder lo poco que tenían, viajó junto a su madre y su hermana a Nueva York, donde se inscribió en la compañía de teatro del dramaturgo Agustín Daly. Años más tarde se trasladaron a París; fascinada con el mundo nuevo que se le presentaba pasaba parte del día visitando museos para conocer profundamente  las expresiones artísticas de la Grecia Clásica que le llamaban la atención. A su vez, se volcó a la lectura de grandes pensadores como Keats, Nietzche y Whitman, que le hicieron cambiar su manera de ver la sociedad y luchar contra lo que consideraba que eran injusticias.                                                                              

Era una mujer feminista que estaba en contra de la cultura moralista, pacata y prejuiciosa de la burguesía de la época y también de la dominación tanto de clases como de género. No le gustaba seguir los lineamientos que imponía la sociedad, por el contrario, les hacía frente y por medio de la danza lo expresaba libremente.   

De chica jugaba en la orilla del mar y fue tan fuerte lo que éste le transmitió, que la sensación de las olas la plasmó en su danza imitándolas con movimientos de brazos y piernas, lo mismo que con el contorneo de los árboles producto del viento, el volar de los pájaros y el paso de las nubes. La música que bailaba no era la que se acostumbraba, era de concierto y nunca había sido utilizada para esa práctica; y además los argumentos eran acerca de la muerte y el dolor.   

No sólo su baile era innovador para la época sino también su look y la escenografía sin decorados, que hacía que muchas personas se ofendieran ante su presencia porque sentían que ella se burlaba del público al presentarse sin maquillaje, con el pelo suelto, mostrando sus piernas, bailando descalza y usando solamente túnicas al estilo griego, o banderas del país en el que actuaba.  

Como su danza no era el típico ballet clásico que el mundo entero estaba acostumbrado a ver, se la consideró revolucionaria y alocada para la época.  

Para darse a conocer bailó para la clase alta y se humilló pidiéndoles dinero a cambio a las mujeres de los hombres ricos. También se presentó en teatros importantes donde la vieron gobernantes de diferentes países, e intelectuales progresistas como Lenin y dirigentes bolcheviques. 

En su vida amorosa también fue totalmente libre, no le gustaban los compromisos, sólo se casó con un poeta ruso Sergio Esenin, 17 años menor que ella, con quien compartió dos años recorriendo Europa y Estados Unidos, pero se separaron rápidamente porque él era una persona violenta y alcohólica. Después de ésto el escritor sufrió de depresión y optó por el suicidio. 

Duncan crió sola a sus dos hijos que tuvo con diferentes hombres a los que nunca quiso dar a conocer, igualmente se supo que fueron Paris Singer, (hijo del dueño de las máquinas de coser), y el diseñador teatral Gordon Craig. Pero la vida le jugó una mala pasada, la peor que se pueda tener como madre, ambos hijos cayeron con su auto al Río Senna y perdieron la vida al no poder salir a la superficie. Increíblemente, con el paso de los años, sin haberse podido recuperar de este hecho terrible, otra vez la tragedia llegó a su vida al perder a su tercer hijo mientras daba a luz porque el médico no pudo llegar a tiempo a asistirla debido a que se habían cerrado los accesos por temor al ingreso de los alemanes a París. De ahí surge su desdichada frase acerca de la maldición de las máquinas: “las máquinas han sido mis enemigos, mataron a mis tres hijos. Las máquinas son todo lo opuesto al hombre, debido a que él las ha inventado. Tal vez un día una máquina me mate". ¿Se cumplirá este presagio? 

Estos acontecimientos desencadenaron en un cambio de vida ligada a la adicción al alcohol, a los escándalos públicos, a variados amoríos con hombres y con mujeres y a la ruina económica. Para resarcir esta situación y para que nuevamente sea una mujer de renombre sus amigos le aconsejaron que escriba una autobiografía, que fue editada en 1927.  

En nuestro país estuvo en 1916 y, como no pocas veces, también su aparición fue escandalosa tras bailar el Himno Nacional envuelta con la bandera Argentina; cuando los allí presentes vieron eso, se alborotaron y por ello no pudo luego presentarse en el Teatro Colón debido a que las personas que asistirían comenzaron a devolver las entradas, además le rescindieron el contrato. Conjuntamente, se le exigió irse del país por haberse burlado de los símbolos patrios. Obviamente Isadora no entendía esta reacción porque jamás había tenido esa intención, todo lo contrario, quería mostrar su danza, su estilo propio y darse a conocer libremente como siempre lo había hecho en diferentes partes del mundo. 

Bailarina desde las entrañas de su madre, como siempre dijo, su misión era expresar lo que era más moral, saludable y bello en el arte. Para ello trabajó arduamente diciendo que todo el mundo tenía que bailar, y en su escuela transmitía la búsqueda de un mundo mejor, enseñando a sus alumnas tener sus propios movimientos y que los desarrollaran en todo su esplendor, porque no creía en las reglas y los mecanismos del arte, sino más bien, en que cada persona tuviera sus propios esquemas porque son la expresión perfecta de ese cuerpo individual. En este baile moderno de Isadora,  las bailarinas de cada país van a mostrar su ideal de belleza y su sentimiento.  

Impúdica para la época, justificaba el estar descalza argumentando que creía en la religión de la belleza del pie humano, porque su expresión y su inteligencia son uno de los logros de la evolución humana. Para acompañar esta filosofía, era de suma importancia el cuerpo, para ella el desnudo en el arte era lo más grande. Por eso la elección de sus vestidos sueltos, para mostrar parte de sus piernas y para que se aprecien más aún cada uno de sus movimientos. Pero no sólo por eso optó por este vestuario,  también porque no concordaba con los dictámenes de la moda y era un símbolo de libertad y de armonía con la naturaleza y con su ser espiritual, que ella tanto reivindicaba.

Tal como había vaticinado, el 14 de septiembre de 1927 en Niza, Francia, se cumplió el presagio; al igual que sus hijos sufre un accidente con otra “maldita máquina”, cuando el chal largo que llevaba cubriendo su cuello se enredó en la llanta del auto de su amante, muere ahorcada y por el impacto sale expulsada unos metros hacia delante golpeándose en la acera. Hecho increíble y trágico, que culminó con la intensa vida de esta mujer que dejó una marca registrada con su danza, y a las mujeres una enseñanza de vida ligada a la libertad, lejos de las imposiciones en la que por entonces sufría el sexo femenino.