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Dom, Oct

Dieta alcalina

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Si  “somos lo que comemos”, también somos en consecuencia "lo que dejamos de comer”. Todo nos afecta positiva o negativamente, tanto lo que ingerimos como lo que omitimos consumir. Nuestra dieta modifica nuestro pH corporal y nuestras células, y termina siendo parte de un estilo de vida que no sólo altera la cantidad sino también la calidad de los años que vivimos. 

Si bien las dietas son conocidas por la mayoría de las mujeres, la dieta alcalina no es registrada por muchas personas. Tal vez, porque su objetivo no es el descenso de peso, sino el bienestar corporal entendido desde la salud de las células del organismo.

La salud general del cuerpo, hoy en día se ve afectada por el consumo desmedido de comidas rápidas con alto contenido de harinas blancas, azúcares y productos industrializados (dieta ácida). Contrariamente a lo que la mayoría de la gente supone, los efectos de una alimentación sin frutas ni verduras (dieta alcalina) se hacen notar desde el corto plazo. Así empiezan a aparecer enfermedades, algunas más leves y otras más complejas, que nos dan señales de alerta para hacer las modificaciones necesarias en la dieta.

 

 

El pH de la sangre es un número que se deduce de la relación del bicarbonato sanguíneo y del dióxido de carbono. Todos nosotros respiramos, inhalamos oxígeno y exhalamos dióxido de carbono, que si se acumula nos intoxica. Por esta razón, el pH es una ecuación para darnos un valor absoluto de la relación entre el bicarbonato, que es una sustancia alcalina destinada a equilibrar la acidez de nuestro cuerpo, y el dióxido de carbono, que es una sustancia ácida que se excreta. A mayor bicarbonato, menos dióxido de carbono y viceversa, ya que uno tiene que transformar al otro. 

 

PH significa “Potencial de Hidrógeno” y su escala va desde el 0, que es lo más ácido, a 15, que es lo más alcalino. Lo normal para nuestra sangre es 7, que es un intermedio. Siendo el pH una relación del bicarbonato sobre el dióxido de carbono, nos tiene que producir un producto final de 7,4 para nuestra sangre. Así hay un equilibrio entre estas dos sustancias. El ph 7,4 es para la sangre, pero dentro de cada célula puede variar y no es estable, dado que aquí hay variaciones de los productos que se incorporan y se excretan. Vulgarmente se llama dieta ácida a una alimentación rica en azúcares y harinas refinadas, mayores productores de lactato, fosfato y ácidos orgánicos que producen una acidosis en todo el cuerpo.

El primer científico en hablar sobre la acidez del cuerpo y de las células fue el premio Nobel de Fisiología y Medicina, Otto Warburg. Él describió la relación entre la falta de oxígeno (hipoxia) y la acidez de la célula por el aumento del ácido láctico y el dióxido de carbono. Estas características celulares son propias del cáncer, es decir que el cáncer vive y crece en un medio ácido y sin oxígeno. Estos datos contundentes nos deben hacer pensar que, para prevenir el cáncer, es muy importante mantener nuestro cuerpo oxigenado y en un estado alcalino, o sea, contrario a los estados de acidez.

Los alimentos que producen un medio ácido son:

Harinas blancas,  de trigo, de arroz; los derivados de panificación (galletitas, panes, pastas, facturas); chocolates; pickles; carnes de vaca y de cerdo; mariscos; condimentos (kétchup, mostaza, vinagres, etc.). Las bebidas ácidas son el alcohol en todas sus variables (vino, cerveza, bebidas blancas); los derivados pasteurizados como las leches descremadas, el café, el té común, el mate, algunas gaseosas, y las bebidas que contienen edulcorantes y aromatizantes; y también las bebidas dietéticas, que tienen aspartanos y ciclamatos que son altamente acidificantes.

Si ingerimos predominantemente estos alimentos y bebidas, y carecemos de alimentos que producen su contracara (alcalinidad), favorecemos el crecimiento de bacterias en nuestro intestino, que se alimentan, se reproducen y generan más acidosis. Además, este tipo de alimentación produce constipación, lo cual cierra el circuito al incrementar la reproducción de bacterias.

Los alimentos que producen un medio alcalino son:

Brócolis; espinacas crudas; perejil; apio; chauchas; tofu; ajo; remolachas; higos negros; pasas de uva; avellanas; castañas; aceitunas; porotos; lentejas; paltas; cerezas; manzanas; dátiles; papayas; peras y zucchinis.

Un gran alcalinizante es el limón porque tiene un pH 3,5 y contiene vitamina C, que es ácido ascórbico, y también contiene bicarbonato de potasio que va a interactuar con el bicarbonato de sodio de nuestro organismo aumentando su nivel. Otro de los compuestos del limón que alcanilizan nuestro cuerpo son los flavonoides que tienen, además, acciones antioxidantes, y el magnesio. Si comemos predominantemente vegetales, tenemos un aporte en el cuerpo de bicarbonato que produce un estado de alcalinidad en forma natural. Pero no es necesario hacerse vegetariano, con dietas carnívoras el cuerpo se adapta y compensa muy bien la acidosis que pudiera tener por la falta de las verduras y frutas. Lo que no se llega a compensar y, por lo tanto enferma, es lo que ingresa como hidratos refinados (azúcares y harinas) que, además se ingieren en grandes cantidades por tener un efecto adictivo sobre nuestro cerebro.

 

 

Algunas ideas para alcalinizar la comida

-Siempre que se coman comidas acidificantes es bueno tomar 1/2 vaso de una solución de 1/2 cucharadita de café de bicarbonato de sodio, diluido en 1 litro de agua.

-Remojar las legumbres durante la noche en el agua de cocción de repollo blanco. Al día siguiente, cuando las cocinemos habrán liberado sus residuos ácidos.

-Cuando se cocinan salsas a base de tomate, es bueno agregar agua de cocción del repollo blanco.

-Si sumamos a todas las ensaladas 1/2 hoja de repollo blanco logramos alcalinizarlas.

-A lo largo del día, a modo de colación, podemos comer entre 6 y 8 unidades de nueces, almendras o castañas, como elementos alcalinizantes.

-De noche, es bueno terminar el día con una limonada hecha con el jugo de un limón, agua y jengibre.

-Una vez por semana conviene hacer una dieta líquida en base a jugos de frutas y verduras frescas sin límite.