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Dom, Oct

Madre Teresa de Calcuta - La Madre de todos

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A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”.

 

Qué decir de esta mujer extraordinaria, que ayudó a los más necesitados pidiendo  a cambio solamente que se transmita amor y paz en el mundo, ya que para ella la verdadera pobreza era la afectiva, razón por la que luchaba para brindarles a los desamparados, a los enfermos y a los más pobres de los pobres esa riqueza que ella sí tenía y tanto amaba compartir.  

 

Cuesta creer que queden personas a las que no les importe en absoluto lo material, que dejen de lado sus comodidades para ayudar al prójimo, que vivan para los demás. Lamentablemente éstas son costumbres olvidadas, perdidas en un mundo tan individualista. Pero por suerte la Madre Teresa fue en contra de estos malos hábitos y recorrió parte del mundo visitando lugares donde existe claramente este tipo de carencia, paradójicamente, los países más adinerados. Para que la ayuden en su iniciativa formó al mismo camino a miles de hermanas quienes la siguieron fervientemente para cumplir con el legado.

Mujer sumamente querida y admirada por todos, de quien deberíamos aprender muchísimo y copiar aunque sea una mínima parte de su vocación.

 

Su nombre real es Agnes Gonxha Bojaxhiu, nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje, Imperio Otomano, actual República de Macedonia. A los cinco años hizo la Comunión y desde entonces fue devota religiosa. Su padre murió cuando ella tenía ocho años y la familia quedó económicamente delicada; la madre siempre crió a sus hijos con mucho amor, lo que marcó profundamente la entrega de Agnes hacia los pobres.

 

Comenzó a formarse en la religión y a los dieciocho años de edad dejó su casa para ingresar en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María (Hermanas de Loreto), en Irlanda. Aquí fue nombrada la Hermana María Teresa por la Santa Teresa de Lisieux, monja francesa canonizada en 1927. Decidida viajó a la India y llegó a Calcuta el 6 de enero de 1929. El 24 de mayo de 1931 emitió sus primeros votos religiosos y le encomendaron la enseñanza durante 20 años en la escuela para mujeres, St. Mary hasta convertirse en la Directora del centro. En 1937, perpetuó su profesión, convirtiéndose en la esposa de Jesús para toda la eternidad, y desde entonces se la llamó Madre Teresa.

 

El 10 de septiembre de 1946 marcó su vida para siempre porque sintió que su destino estaba librado para saciar la sed de Jesús. Y eso fue lo que hizo durante el resto de su vida, ayudar a los más pobres de los pobres. El Papa Pío XII le dio permiso para que trabaje como monja independiente entre los pobres, los enfermos de lepra y los hambrientos. Así fundó la orden femenina de las “Misioneras de la Caridad” que enseñaban a leer a los chicos de la calle, y años más tarde “Hermanos de la Caridad”.

 

Años más tarde, el Papa Pablo VI, puso bajo el control del Papado a la Congregación de las Misioneras de la Caridad y le dio la autorización a Madre Teresa para que difunda la orden religiosa en el resto del mundo. Se abrieron centros para poder asistir a enfermos de lepra y sida, ancianos y no videntes; y además se inauguraron escuelas y orfanatos para los pobres y niños abandonados. Su trabajo trascendió las fronteras y se hizo conocida en el resto del mundo llegando a tener más de 500 casas distribuidas en 123 países. Sus congregaciones daban servicio libre y gratuito y no aceptaban salarios ni ayudas oficiales.

 

Recibió muchos reconocimientos y premios importantes y en 1979 fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz y aceptó el banquete que hicieron en su honor, solamente a cambio de que la comida se repartiera entre los más pobres. Para ella todos los seres humanos somos iguales, trataba de igual manera al más pobre que al Papa a quien sin tapujos le pidió que vendiese el Papa Móvil porque con ese dinero cenarían una noche todos los pobres de los albergues de la India.

 

Su popularidad le resultaba molesta pero a la vez era una herramienta que le servía para hacer llegar su amor a más personas y a conquistar creyentes. Su misión fue ayudar con cuidado y amor a los pobres, los enfermos, los hambrientos, a los desposeídos y a los que no tenían asistencia.

Decía que era Cristo que a través suyo hacía el bien y no ella, por eso su objetivo no era solamente realizar el trabajo social sino también apagar la sed de Dios, sed de amor y de almas y esa sed era saciada con el amor que brindaba. Para eso decía que siempre hay que sonreir con los ojos, con el rostro, con el tacto y la forma en que uno toca a las personas, porque dar es amor en acción.

Su vestimenta característica era el sari blanco orlado de azul, típica de las clases más pobres del país. Vivió tan concentrada en sus tareas que se olvidaba de ella misma; su habitación era su casa y en ella ni siquiera tenía ventilador para apaciguar los días calurosos, sólo una mesa donde respondía a diario sus cartas y una cama. Paradójicamente, si bien ella siempre mantuvo la fe y no tuvo crisis por esa creencia no se sentía amada por Jesús y se sentía vacía, no obstante dio su vida por él y empezó su devoción por la religión para amarlo como nunca había sido amado, porque sentía que no lo quería como debería. Igualmente siguió fiel a sus ideales porque Jesús era todo para ella y por eso tenía la necesidad de contarle a la gente acerca de la persona que tanto amaba.

 

Era una mujer humilde, siempre negó ser una persona fabulosa como pocas y decía que se puede encontrar “un Calcuta” en cualquier parte del mundo si además de ojos para ver los usamos para mirar. En muchos países ricos se puede ver claramente la soledad porque se sufre por no ser queridos, por ser rechazados, y la Madre Teresa consideraba que esta es la mayor pobreza de la humanidad y muy difícil de remediar. El amor que prevalece es hacia el dinero más que hacia las personas, y el interés es sólo el desarrollo profesional y personal porque cada uno piensa en sus cosas y no tiene tiempo para brindarse a los demás.

 

Hasta los padres dejan solos a sus hijos y ya no se tiene tanto diálogo con ellos, y esto es básico para que crezcan aprendiendo lo que es el amor. Lo importante no es cuánto se haga por el otro si no con qué amor lo hacemos y esta enseñanza debe comenzar en los hogares, por eso es tan importante educar y transmitir amor a los niños. Ella solía guiar y explicar con su cariño y de una manera maternal, por eso fue y sigue siendo considerada una Madre, la Madre.

 

Los últimos años de su vida sufría de problemas de salud pero no fueron un impedimento para seguir adelante con su objetivo, ella misma decía que no quería parar de trabajar porque tenía toda la eternidad para hacerlo, y así fue, sólo aquietó momentos antes de su muerte.

 

Su vida se apagó el 5 de septiembre de 1997, a los 87 años, de un paro cardíaco, el mundo entero lloró su ausencia. Se realizó un funeral de Estado y su cuerpo fue escoltado por el ejército hindú, esto era honorable para una mujer nacida en otro país. La despidieron primeras figuras políticas de diferentes lugares del mundo y después se dejó lugar al entierro privado en el interior de la Casa Madre.

En el 2003 fue beatificada en Roma en una ceremonia multitudinaria. El mundo entero aún la sigue extrañando y recordando como el primer día.