La dieta antiestrés

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Está comprobado que haciendo algunas modificaciones en la dieta, es posible combatir el estrés. Generalmente conviene consumir alimentos livianos, que no sobrecarguen la función hepática, porque el hígado no sólo es un órgano de la digestión, sino que también regula las emociones y participa en el sistema de defensas del organismo.

 

A su vez, las dietas serotoninérgicas, con muchos vegetales, frutas, fibras y pocas carnes rojas, regulan muy bien las alteraciones de los neurotransmisores cerebrales, generando mayor contenido en serotonina.

 

Por otro lado, se recomienda evitar el uso de estimulantes con altos contenido en cafeína, como mate, té y café, ya que elevan la presión arterial y liberan noradrenalina, un neurotransmisor que participa en nuestras respuestas de agresión e intolerancia. En cambio, las tisanas en base a naranjo amargo, pasionaria o melisa, permiten equilibrar los neurotransmisores alterados. También cabe aclarar que el alto consumo de alcohol es pernicioso para el funcionamiento hepático.

 

Al mismo tiempo, los nutrigenómicos (aquellos nutrientes o fitoquímicos presentes en alimentos o plantas, capaces de modificar genes de expresión que determinan enfermedades), también actúan sobre el estrés, y pueden hacerlo directamente sobre la regulación de los neurotransmisores cerebrales alterados. Por ejemplo, los compuestos presentes en el condimento del estragón pueden ser una muestra, ya que contienen “delorazepam” un sedante natural, emparentado con las benzodiacepinas sintéticas, pero sin los efectos adversos de estas últimas. También en el cabo o “tronquito” de la lechuga hallamos diazepam natural. Y en el lúpulo, encontramos “canabinoides” que colaboran con las sensaciones de placer y equilibrio emocional.

 

De la misma forma, los ginsenósidos del Ginseng, los withanólidos de la Withania (lactonas presentes en una planta hindú conocida como ashwagandha) y los eleuterósidos del Ginseng Siberiano, permiten al individuo readaptarse y responder mejor a las situaciones de estrés o entornos negativos y, por eso, a estas plantas las denominan “adaptógenos”. Los compuestos antioxidantes como la quercetina, la coenzima Q-10 y el resveratrol son nutrigenómicos importantes para combatir los radicales libres que suelen estar muy aumentados en situaciones de estrés. 

 

Respecto de esto, no debemos dejar de lado determinados aminoácidos que colaboran en las situaciones de estrés, como el triptofano y la fenilalanina. Entre los minerales, el magnesio, el zinc y el manganeso son buenos aportes. Y de las vitaminas, el complejo B (especialmente B1 y B6) es ideal.

 

Finalmente, podemos afirmar que es posible realizar una dieta que contrarreste el estrés y favorezca el bienestar del individuo en todos sus aspectos.

¿Qué cambios registra una persona que comienza una dieta para este fin? En primera instancia, siente que descansa mejor, que puede graduar o disminuir sus conductas agresivas, y que puede organizar eficazmente sus rutinas diarias. También comienza a notar mayor energía, empieza a adaptarse mejor a los hechos o situaciones que solían atormentarle, y reconoce que determinados contextos que otrora eran el eje de su vida y malestar, comienzan a pasar a un segundo plano.